Calle Ancha

La criatura del lago Ness

FRANCISCO MOYANO

En política lo que en este momento es negro, dentro de una hora puede ser blanco. Creerse lo que un político, tanto en campaña electoral como en el ejercicio del poder o de la oposición, afirma, no deja de ser un profundo acto de fe. Tan frecuente ha venido siendo ese comportamiento desde la llegada de la democracia, que lo consideramos normal y no se conoce el caso de alguien de la vida pública que, ante la memoria imperecedera de las hemerotecas o fonotecas, al menos se haya sonrojado. El electorado, siempre flaco de memoria, consiente la mentira (al menos las medias verdades) y los cambios que contradicen las propias posiciones no acostumbran a pasar factura. ¿Qué tendrá Marbella?, decía una canción de los años ochenta y en materia política nos podríamos hacer la misma pregunta. No ha faltado quien, con motivo de la última moción de censura acordada entre OSP y el Partido Popular, dos formaciones que emprenden un viaje a partir un piñón, borrando del recuerdo los tiempos convulsos en los que ciertos atisbos de opereta se fraguaban en la relación de ambos grupos, especialmente en los plenos, han recordado la “madre de todas las mociones”: la del verano del dos mil tres, en la que surgió un tripartido formado por los ediles gilistas, que se denominaron “mixto A”, el PSOE y el Partido Andalucista. Creo que nada tiene que ver un hecho con el otro y que la moción que se llevará a pleno el día 29 es plenamente ajustada a la legitimidad democrática, aun cuando las formas hayan llamado la atención por la secuencia temporal, al resultar sorpresiva porque apenas unos días antes se había proclamado la renovación del pacto de gobierno. Por otro lado, al tratarse de una moción para desbancar a un equipo de gobierno del que el grupo actor forma parte, resulta un caso extraño, más aún cuando se transforma en una censura al alcalde a quien, al mismo tiempo se alaba su gestión; estas incongruencias podrán ser objeto de estudio por parte de politólogos. Y como los sentimientos son libres, el Alcalde desbancado no se siente “traicionado”, considerando además como “su familia” a los dos ediles rupturistas; ya se sabe que, en ocasiones, nadie apuñala mejor que la propia familia. Muchos ciudadanos pensaban que al PP no le interesaba gobernar en este momento, a pesar de que fue la lista más votada, y ese pensamiento se basaba en declaraciones de cargos del propio partido en ese sentido. En todo este asunto adquiere un protagonismo, seguramente no esperado, el grupo CSSP- Podemos, esgrimido como la fuente de todos los males, especialistas en cuerdas tensadas que terminan por romperse o en facilitadores de gotas que hacen rebosar los vasos, para usar metáforas recurrentes. OSP acusaba a Podemos de ser los responsables del cambio de opinión del partido localista para desdecirse de lo afirmado en cuestión de días. Podemos, consciente de que sus dos votos, a partir del día 29 no tendrán ningún valor, hace un intento a la desesperada para abortar la moción; como respuesta un portazo en las narices y el ninguneo absoluto. Mientras tanto las redes sociales y los círculos de opinión, especulando a gusto, que es gratis. Todo tipo de rumores, de supuestas confabulaciones y zonas oscuras. No hay cosa que nos guste más que sacar en el debate supuestas tramas. Ante las “barbaridades” divulgadas, según expresión de Manuel Osorio, no descarta actuaciones legales; ya parece que tarda en hacerlo porque algo fundamental es la transparencia y el destierro de las perjudiciales sombras de duda. Nada contribuye tan poco a la normalidad como que un partido, en democracia, posea un órgano presidido por un secretismo extremo, con poder decisorio, y del que se oculta a la ciudadanía su composición, aunque todo el mundo cree conocer a alguno de sus componentes. También es necesario que se conozca, más bien antes que después, los términos del acuerdo de gobierno: es un derecho de los ciudadanos y electores. Mientras nos sigamos moviendo en el secretismo y la ocultación, esto parecerá algo similar al monstruo del lago Ness, siempre perdido entre la leyenda y los supuestos avistamientos reales. Cabe esperar que el nuevo gobierno, por el bien de todos, mantenga la estabilidad y, junto al propio programa, respete lo positivo realizado durante los dos pasados años.

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