AVE: coste-beneficio

ANTONIO PAPELL

El AVE, que ha cambiado la forma de viajar de los ciudadanos de este país, está recibiendo últimamente un aluvión de críticas. La Asociación de Geógrafos Españoles, en un análisis sobre «el despilfarro en España», sostiene que nada menos que 26.240 millones de euros se habrían despilfarrado en el tren español de Alta Velocidad. Y el Tribunal de Cuentas Europeo cuestiona la viabilidad económica de la red y censura el sobrecoste y la baja ocupación de la misma. España posee hoy 2.675 kilómetros de alta velocidad, que serán 3.827 cuando concluyan las líneas en construcción. Es la más extensa de Europa y la segunda del mundo después de China. Y, en efecto, hay líneas de gran ocupación -la primera de Europa es la Madrid-Barcelona- y otras menos utilizadas.

Lo más relevante en esta oleada crítica es el análisis de los criterios de toma de decisiones, ya que el impulso de construir un AVE es básicamente político y nunca económico (si el billete de pasaje en este modo de transporte, cuya construcción cuesta una media de 25 millones de euros por kilómetro, hubiera de incluir la amortización de la red, el AVE no existiría).

En el concreto caso español, la construcción del AVE, que comenzó en 1992 mediante un simbólico eje Norte-Sur de Madrid a Sevilla con motivo de la Expo, que coincidió con los Juegos Olímpicos, tuvo como principal objetivo combatir el histórico desequilibrio entre el desarrollo septentrional y el subdesarrollo meridional. La orografía de la Península, abrupta toda ella, había sido un secular freno al desarrollo del país, y desde la Ilustración se sabía que las comunicaciones eran clave en la tarea de separar España de África y vincularla definitivamente a Europa.

Por fin, España es una entidad integrada internamente y con su periferia terrestre, lo que constituye un factor de permeabilidad entre los territorios interiores que han vivido con frecuencia de espaldas entre sí. Y como estos intangibles -cohesión, comunicación, integración- no son mensurables, los balances economicistas sobre la procedencia y rentabilidad del AVE deben ser relativizados y revisados.

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