COSAS QUE YA NO SERÁN

Llama la atención que ayer estuvieran de acuerdo todos los grupos para apoyar una ley que a partir de ahora considera a los animales como seres vivos

JOSÉ MANUEL BERMUDO

Ayerse estuvo hablando en el Congreso de los Diputados sobre algunas cosas terrenales que a veces se echan de menos en la discusión política. No todo va a ser el procés, que de todas maneras sigue presente y no hay quien se lo quite de en medio; ni los achaques entre gobierno y oposición, en reiteradas repeticiones de jugadas que parece que todos hemos visto en demasiadas ocasiones. Las grandes disputas políticas están centradas frecuentemente en los posicionamientos de los grupos ante el electorado, con desarrollos teóricos muchas veces incomprensibles y con ciertos vaivenes en sus planteamientos.

En el foro donde deben discutirse los grandes asuntos que afectan al país llama mucho más la atención un extravagante diputado sacando unas esposas o una impresora, para potenciar su mensaje, que el sesudo estudio de algún otro miembro de la cámara en torno a las pensiones o a las ayudas a la discapacidad, por ejemplo (Y que suele ser desconocido). El espectáculo mediático suele estar así garantizado y, consecuentemente, los correspondientes minutos en televisión, además de la extensión por las redes sociales con todas sus variantes de expresión, incluidas las más soeces o escatológicas.

Llama la atención que ayer estuvieran de acuerdo todos los grupos parlamentarios para apoyar la tramitación de una ley que deje de considerar a los animales como cosas y que a partir de ahora lo sean como seres vivos. Dicho así parece una absoluta perogrullada, porque al margen de que a cada uno les guste más o menos, seres vivos lo son y nadie puede discutirlo. Pero claro, no basta con eso. El llamado ser humano tiene una infinidad de leyes para saber qué se tiene que hacer con las «cosas» y con los seres vivos en determinados casos. Y aquí es donde entran los vericuetos de la legislación que, a veces, se enreda en si misma con tantas normas.

En definitiva, lo que se pretende es que, en caso de conflictos, los animales no tengan la misma consideración que una librería o un lavaplatos y sean seres vivos sujetos de derecho. Para esto, entre otras cosas, habrá que reformar el Código Civil, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil. De esta forma, por ejemplo, la ley intervendrá para decidir el futuro de una mascota en caso de separación matrimonial o divorcio, sin que sea repartida como una cosa y sin que se pueda embargar como un mueble. Ahora quedan por conocer los detalles de la ley cuando entre en vigor, para que todos sepamos que estamos tratando a seres considerados con sensibilidad y que sienten. Esto conlleva también una serie de obligaciones para los propietarios y para todos los demás, sobre todo para aquellos que consideran un divertimento el maltrato animal.

Conviene tener en cuenta todo esto especialmente en estas fechas navideñas. A muchos se les abren los ojos ante cualquier cachorro que puede llegar a casa para alegría de la familia y, en frecuentes ocasiones, terminan abandonando al perro o al gato (últimamente muchos loros) cuando crecen y necesitan mayores cuidados. Igual ocurre con otras mascotas más exóticas a las que se las suele tener en condiciones lamentables en ridículos cubículos, cuando son especies acostumbradas a la libertad.

Los cambios legales también supondrán un incremento de las sanciones para aquellos que no traten a los animales adecuadamente, porque como bien ha dicho en el Congreso un diputado, «no es normal que el Código Penal castigue igual el robo de una cartera que el exterminio de animales». A esto hemos conseguido llegar terminando el año 2017. Mientras tanto, en refugios como el de la Triple A de Marbella se buscan voluntarios para sacar a pasear a los perros que allí han ido acumulándose por la desidia de sus dueños. Ellos, los perros, no sus dueños, no lo saben, pero han conseguido lo que muchos humanos han pretendido muchas veces: que todos los políticos se pongan de acuerdo. ¡Qué cosas!, digo ¡qué seres!

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