A cada uno lo suyo

Lo cortés no quita lo valiente

Hay que ser versallesco en las formas y firme en el fondo

PEDRO MORENO BRENES

La alcaldesa de Barcelona justificó en las redes su ausencia en la recepción protocolaria al rey Felipe VI con motivo del Mobile World Congress. Nada que objetar (aunque yo no comparta su posición), ya que la señora Colau es dueña de sus actos y el mundo no se acaba por la citada ausencia, máxime cuando la alcaldesa participó sin problema alguno en la cena y en la inauguración de este importante congreso de carácter anual en torno al mundo de la comunicación móvil. Me parecen exageradas las acusaciones de que la economía de Barcelona se irá a pique por este gesto, pero también me parece muy desafortunada la afirmación de Colau según la cual la citada recepción era «pleitesía y vasallaje impropio de una democracia del siglo XXI», calificando el acto como «besamanos».

Acudir a la recepción del Jefe del Estado es un gesto de responsabilidad institucional cuando se representa a todos los ciudadanos de Barcelona. Es más, en la vida cotidiana lo podríamos llamar cordialidad, educación o buenas maneras, que se deben mantener ante cualquier ser humano, sea el rey o mis alumnos, a los que les doy siempre las gracias cuando me entregan un examen, agradeciendo el esfuerzo por hacerlo. Si Felipe de Borbón está en Barcelona en visita privada, me parece estupendo que Colau mantenga el mismo tratamiento que a cualquiera de los millares de personas que acuden a la bella ciudad que dirige y a las que, como es natural, no recibe personalmente. Pero se trataba de una visita como Jefe del Estado, y eso son palabras mayores, ya que trasciende a las personas y afecta a las instituciones, lo que exige alturas de miras. El protocolo oficial no es pleitesía ni vasallaje, al contrario, es el cauce de las formas para la acción del Estado donde cada uno ejerce, no como fulano o mengano, sino como representante de los intereses públicos que les son encomendados.

En mi etapa de concejal-portavoz de IU, con el máximo respeto saludé al Sr. Griñán (al que no había votado) en su condición de presidente de la Junta de Andalucía, y también lo hice con el entonces rey Juan Carlos I cuando visitó Málaga, mi ciudad. Un saludo cordial y un apretón de manos no me convirtió en un monárquico: esas cosas no se transmiten por el aire como la gripe. Era y soy un convencido republicano que he criticado, en muchos escritos y en mi compromiso político, el anacronismo que implica una jefatura del Estado determinada por razones estrictamente genéticas y con ausencia absoluta de legitimidad democrática en tan alta institución. Abogo por una reforma constitucional para instaurar la república en España, pero mientras tanto, hay que ser versallesco en las formas y firme en el fondo, ya que lo cortés no quita lo valiente.

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