Corredor interior

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

UNA gran campaña de comunicación que se está dejando sentir con fuerza reclama la reactivación del proyecto del Corredor Mediterráneo, la línea férrea destinada a unir todo el eje litoral desde la frontera de La Jonquera hasta el Puerto de Algeciras. Que esta iniciativa haya encontrado hueco en estos días, cuando todo el mundo parece emplearse con ahínco en la tarea de dinamitar los puentes que todavía puedan quedar en pie, no deja de resultar paradójico.

El corredor ferroviario mediterráneo discurre sobre plano por todo el litoral catalán y gran parte del valenciano, se aleja de la costa en las provincias de Castellón y Murcia y vuelve a ver el mar en Almería. A partir de ahí, en todo el trazado andaluz, el proyecto pierde su condición de mediterráneo para convertirse en un corredor interior que discurre por Granada, Antequera, Bobadilla y Ronda antes de volver a ver en el mar en el puerto de Algeciras.

Es un trazado destinado a vincularse con las líneas de alta velocidad europeas, pensado especialmente para el transporte de mercancías y para conectar entre sí a los principales puertos españoles, aunque el corredor previsto se salta los puertos de Málaga y Motril.

El proyecto está aparentemente encaminado, con unos pocos tramos terminados, otros en obras o en pruebas y la mayoría en proyecto. Aún restan por invertir unos 7.500 millones de euros, cantidad que en los peores años de la crisis sonaban como parte de un guión de ciencia-ficción pero que ahora el Gobierno asegura que están garantizados.

Aunque se trate de un proyecto destinado prioritariamente al transporte de mercancías, no deja de ser una pena que el trazado previsto en territorio andaluz no cubra las necesidades perentorias en el transporte de pasajeros al ignorar a todo el litoral mediterráneo de la comunidad autónoma, donde la conexión ferroviaria es, y seguirá siendo, una de las grandes asignaturas pendientes.

Porque lo que realmente suena a ciencia ficción es suponer que una vez culminado este proyecto, el día que eso ocurra, queden aún fondos y voluntad política para terminar, mediante un trazado paralelo al Corredor Mediterráneo, con el flagrante despropósito que supone seguir marginando a Marbella de cualquier conexión ferroviaria con el resto de España y de Europa. Un tiro en el pie para la economía y una injusticia que seguramente las presentes generaciones no verán reparada.

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