Quien contamina, cobra

A cada uno lo suyo

Entre esos tipos y yo hay algo personal

PEDRO MORENO BRENES

Junto al imprescindible esfuerzo de los trabajadores (que sufren siempre con más virulencia las crisis), hay que valorar el papel de los empresarios que crean riqueza y empleo con esfuerzo y riesgo para su patrimonio, en libre y leal competencia con los que comparten mercado, cumpliendo sus obligaciones laborales y tributarias y respetando el marco regulador que los poderes públicos definen para el bienestar general. Como persona de izquierdas que soy, estoy convencido de que estos empresarios cumplidores (la mayoría) son pieza clave para la España a la que aspiro: un estado de derecho, social y democrático, con pluralismo político y libertad, una sociedad más justa, próspera, culta, solidaria, emprendedora, igualitaria, sin excluidos, con un fuerte dispositivo público de protección social y con pleno empleo. Pero a estos empresarios no hay que confundirlos con los 'mercaderes del trapicheo'.

Estos acróbatas de las relaciones con las altas instancias del Estado siempre ganan y nunca arriesgan; despotrican del gasto público cuando se trata de ayudar a los más desfavorecidos y mantener los servicios públicos básicos, pero levitan cuando esos recursos millonarios se destinan a garantizar sus cuentas de resultados. Siempre tienen un puesto en sus consejos de administración para 'expertos de la nada' que pasan de gestionar un área pública que les afecta a sentarse con ellos y seguir cultivando tan 'entrañables' y 'desinteresadas' amistades (Aznar y Felipe González junto a otros de sus respetivas tribus han encabezado esas puertas giratorias). No quieren trato con la intervención pública en la economía, pero se dan patadas en el culo para quedarse a sangre y fuego (y 'comisiones' en algunos casos) con los negocios de la basura, abastecimiento de agua o la obra pública, sectores donde los beneficios están garantizados, montando una 'cruzada' frente a algunos ayuntamientos que con toda legitimidad quieren recuperar la gestión directa de algunos de esos servicios.

Hay muchos ejemplos de estos trapicheos, como el rescate a las autopistas y a bancos con nefasta gestión, indultos a amiguetes o la colocación de bandidos (también amiguetes) en puestos claves. Uno reciente que es la traca: lo de 'quien contamina paga' es cosa de rojos y gente de mal vivir. La UE investiga las ayudas públicas que en España, desde 2007, reciben las centrales eléctricas de carbón (440 millones de euros). Como emiten óxido de azufre, contaminante lesivo para nuestro medio ambiente, la normativa europea establece límites a esas emisiones y obliga a unos programas nacionales (que en España fueron muy moderados). Pero como todos somos 'colegas', orden ministerial de 2007 con 'incentivo medioambiental': les dan dinero público para cumplir las normas; y quien las cumple gratis (que es lo propio), cara de tonto claro. Como el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea prohíbe las ayudas otorgadas por los Estados que falseen la competencia, favoreciendo a determinadas empresas o producciones, puede que deban devolver las citadas ayudas de dudosa legalidad.

Como dice la canción de Serrat: Entre esos tipos y yo hay algo personal.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos