La rotonda

Consuelo

José Miguel Aguilar
JOSÉ MIGUEL AGUILAR

Un alto en el camino, una parada en la encrucijada de la vida diaria, un instante para la reflexión, un momento de meditación o un soplo de aire para coger fuerzas. Hoy es Viernes de Dolores, un día importante para los cristianos y una fecha marcada en rojo para aquellos que se pueden permitir un descanso en el final del primer trimestre del año y encarar la recta definitiva hacia el verano y las merecidas vacaciones estivales. La Semana Santa es especial para todos, para los que hacen penitencia detrás de los tronos, para los que le piden a su Cristo o a su Virgen por la pronta recuperación de un familiar o de un amigo, para los que compran claveles rojos para el Cautivo como forma de saldar una deuda hace tiempo contraída, para aquellos que se toman esta festividad con cierta distancia pero con el mayor de los respetos, y para los que deciden cortar por lo sano y salir huyendo de las aglomeraciones para convivir con la soledad del campo estos días de asueto en un macropuente que paraliza el país.

Es lo que tiene esta semana de especial, que proporciona felicidad y bienestar a todos, independientemente de su condición o religión. Pues casi todos sacan tiempo para hacer de todo. Yo ya tengo mis planes, entre los que se incluye descansar los días que se pueda y, por supuesto, imbuirme del espíritu propio del calendario. El Martes Santo toca ver procesionar al Cristo de la Agonía por las angostas calles del Centro, para mirarle a los ojos y agradecerle que lo de Fernando se haya quedado en un susto grande, pero que se puede contar, y eso en estas circunstancias es la mejor de las noticias. Me angustiaba su situación, dada su jovialidad. Seguro que me lo encuentro en cualquier rincón y le doy el abrazo que se merece.

Al día siguiente encontraré consuelo en calle Dos Aceras cuando vea salir a la Virgen de Consolación y Lágrimas, y que mis ojos tendrán un brillo especial. Sangre de mi sangre en un Miércoles Santo majestuoso que dará paso a todo tipo de sensaciones y de vivencias, ya sea sumergido en esa marea de fervor que hace de Málaga un lugar único terminada la cuaresma o aislado frente a la chimenea que cobija del frío que amenaza con amargarnos estas horas tan esperadas. Son muchos los que imploran para que la lluvia haga un paréntesis en su bendita función de alimentar los campos y nutrir los pantanos. Demasiadas personas miran al cielo para que el sol despeje sus dudas e ilumine sus certezas.

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