Conllevancia

Lalia González
LALIA GONZÁLEZ

La 'cohabitación', por usar esa palabra tan de la política francesa, o más bien la 'conllevancia', que es más ajustada al caso, entre Susana Díaz y Pedro Sánchez se sabía que no iba a ser fácil. Encajado el golpe de las primarias, declarado desarticulado el 'susanismo', pasado el desahogo emocional del congreso federal, tras las largas vacaciones, la presidenta de la Junta de Andalucía y secretaria general del PSOE-A se esfuerza por desplegar una agenda en la que se vea que gestiona, que llena el éter político regional con reuniones con todo tipo de sectores, y hasta quiere hacer oir su voz en la crítica crisis catalana. Todos los mensajes más o menos subliminales se dirigen a convencer de que toda la aventura madrileña ha quedado atrás y ahora ya está «centrada en Andalucía». Sin embargo, la sintonía es manifiestamente mejorable. Se vio en el pleno del Congreso del pasado martes, cuando justamente tres diputados andaluces del PSOE votaron de manera distinta a la decidida por su jefe de filas. Alegaron que fue un error, producto del descontrol interno en el grupo parlamentario ahora en manos sanchistas, pero aunque lo fuera, que hasta lo puede ser, la incredulidad con que se ha acogido hace ver que nadie da un euro por la distensión entre Ferraz y San Vicente, la sede federal y la sede andaluza.

Este jueves, la 'conllevancia' que digo se va a ver en el Parlamento andaluz. Deberá votarse una proposición no de ley de Ciudadanos similar a la que motivó en el Congreso la ruptura del llamado 'bloque constitucionalista', por el voto en contra del PSOE. El Grupo Socialista andaluz aún no ha decidido qué hará. Si la apoya se notará mucho la diferencia de criterio con sus mayores de Madrid,porque en el texto no se incluye la llamada al diálogo que éstos reclamaron. Si la rechaza irá contra su discurso, de enérgica defensa del Estado de Derecho, y quedará mal con sus socios 'naranjas', que acaban de asegurarle el plácido final de la legislatura. La iniciativa, que ha sido presentada por Cs en todos los Parlamentos regionales, se considera que iba dirigida contra Pedro Sánchez para obligarle a definirse frente a Podemos. Habrá que tenerlo en cuenta aquí a la hora de analizar el sentido del voto.

El asunto es que al sur de Despeñaperros las heridas no cicatrizan. La corte sevillana fabula con la idea de que Sánchez se estrelle en las próximas generales y Díaz vuelva a tener opción. Hasta se considera si abandonar la marca PSOE y presentarse como Partido Socialista de Andalucía, como el legendario PSA. Es probable que todo quede en especulación y no salga adelante porque se vea que aún la sigla del puño y la rosa pesa, pero hay quien observa que cada vez más se omite en los discursos públicos y se abunda en decir «partido socialista». Así estamos.

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