En confianza

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

Con cierta periodicidad el Centro de Investigaciones Sociológicas introduce en sus encuestas la siguiente pregunta: «¿Diría Ud. que, por lo general, se puede confiar en la mayoría de la gente, o que nunca se es lo bastante prudente en el trato con los demás? Por favor, sitúese en una escala de 0 a 10, en la que 0 significa 'nunca se es lo bastante prudente' y 10 significa que 'se puede confiar en la mayoría de la gente'». Recomiendo encarecidamente a la amable lectora, o lector, de estas líneas que, si tiene una víctima cerca, amigo, pareja, padres, hermanos, aproveche para hacerle la pregunta, y también que haga una apuesta, antes de seguir leyendo, sobre cuál es la media que la encuesta del CIS da para la sociedad española.

Lo fácil siempre es seguir leyendo y enterarse de cuál es la media de la sociedad española, y a partir de ahí sacar las conclusiones pertinentes, pero eso no ayuda a pensar. Cuando leamos la cifra, tendremos un dato muy preciso, pero ese dato nos aportará poca información, y probablemente muy poco conocimiento y ninguna sabiduría. Hoy día, aunque no solo hoy día, el discurso público oscila entre dos peligros iguales: las opiniones sin datos y los datos sin opiniones. Así que pensemos un poco más antes de conocer el dato del CIS.

Imaginemos que una noche de invierno un viajero, procedente de un lugar lejano, llama a una puerta y pide hospitalidad, y se la dan, y se pregunta, mientras se calienta junto a la chimenea, ¿se puede confiar en estas personas? Imaginemos también que, al llegar a España, le dieron en un sobre cerrado, que olvidó abrir, el dato del CIS. Obviamente, si al abrirlo aparece un diez, cabe pensar que el viajero se quedaría a dormir tranquilo y agradecido. Si por el contrario la cifra fuera un cero, probablemente volvería a la noche oscura, que posiblemente le parecería más segura que la casa.

Antes de seguir. ¿Qué idea tenemos nosotros de la sociedad española, y de cómo se puntúa a sí misma? ¿Qué dato destruiría esa idea nuestra y nos obligaría a replantearnos nuestras creencias? Esa es la forma en que me enseñaron a mirar los datos sociológicos, en vez de lanzarme glotonamente a devorarlos sin provecho. Antes de abrir el sobre ¿qué cifra aconsejaría no quedarse a dormir?

La media que obtuvo la encuesta del CIS del pasado diciembre, para la sociedad española en general, fue de un cinco mondo y lirondo. ¿Resultará prudente para el viajero pasar la noche en la casa de los españoles, o le convendrá buscar refugio en la oscuridad exterior? ¿Le habrá servido de algo conocer el resultado de la encuesta? ¿Sirven de algo los datos sin un marco interpretativo? ¿Y las opiniones sin datos?

Si la amable lectora, o lector, se ve en la tesitura de tener que pasar una oscura noche de invierno en casa de un desconocido pregúntele cómo se llama, y si se llama Procusto, busque refugio en el frío y la oscuridad. A veces es mejor soportar la angustia de nuestra ignorancia que buscar refugio en un dato preciso e inútil que sustituye nuestro pensar.

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