Comunicando

JOSÉ ANDRÉS TORRES MORA

Ayer nos despertamos con las informaciones de los bombardeos que Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia han realizado sobre territorio Sirio. Bombardeos que el presidente del Gobierno de España ha considerado proporcionados. Y es que últimamente todo parece muy proporcionado. Si atacar con armas químicas a la población resulta un crimen horrendo y descomunal, enseguida alguien busca la forma de hacerlo proporcionado, en este caso los norteamericanos y europeos con su respuesta. Es lo que tienen las guerras, que buscando la proporción a cosas que no la tienen terminan siendo cada vez más desproporcionadas.

Cuando, allá por estas fechas, en 2003 la inmensa mayoría de los españoles nos opusimos a la Guerra de Irak, hubo quien escribió que oponiéndonos a aquella guerra nos hacíamos cómplices del terrorismo. Oponerse a la guerra era tachado de «buenismo», que es un término que se ha convertido extrañamente en una forma de menosprecio e insulto. Lo cierto es, sin embargo, que aquella guerra, en lugar de paz y prosperidad a Irak, a Oriente Medio y al mundo, solo ha traído más violencia y más pobreza, quizá con la excepción de los beneficios que obtuvieron algunas empresas de seguridad norteamericanas.

Las guerras engendran guerras, y las escaladas son la tendencia natural de los conflictos. Hay una escena muy impactante en una película de Spielberg del año 2005 que se titula 'Múnich', que cuenta la historia de un comando israelí que trata de acabar con la vida de unos palestinos, a los que responsabilizan de la matanza del equipo olímpico de Israel en los juegos de Múnich de 1972. En un momento determinado, los palestinos empiezan a responder colocando bombas como respuesta a las que colocan los israelíes, a lo que un comando israelí, satisfecho, dice: «Ya saben que existimos, y que nos estamos comunicando con ellos». Y desde entonces siguen comunicándose sin parar con los recursos que les prestan hombres como los presidentes Trump o Putin.

Estos días hemos asistido en el Congreso a cómo los representantes de la nueva política, ayudados por algunos veteranos, se empezaban a comunicar entre sí en temas internacionales, concretamente respecto a la crisis en Venezuela. Sin embargo, nada más escucharlos, es muy fácil identificar la gramática con la que se comunican, y no es nueva. Cada uno había elegido un bando en el país caribeño, al que dotaba de todas las virtudes, al que excusaba de todas sus tropelías, para apoyarlo sin fisuras. Estoy seguro de que en Venezuela, después de escuchar el debate en el Congreso español, los radicales de cada bando se sintieron más fuertes, más animados a darse duro, en los medios y en las redes, a empujar a los hijos de otros, porque siempre son los hijos de otros, a darse duro en las calles. No me parece que ese deba ser el papel del Parlamento español, no creo que debamos convertirnos en Trumps o Pútines alimentando el conflicto entre nuestros hermanos venezolanos. Nosotros sabemos y podemos hacerlo mejor.

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