Sin complejos

La rotonda

Marbella ha presentado su candidatura para acoger la próxima eliminatoria de la Copa Davis, que enfrentará a España con el Reino Unido, y no parece haber un lugar más apropiado para una competición deportiva que enfrente a los dos países. Pocos lugares hay como la Costa del Sol donde los británicos se encuentran tan a gusto, y posiblemente existan pocos destinos que puedan resultar tan atractivos para una escapada corta que puede tener como excusa un posible enfrentamiento entre Nadal y Murray.

La propuesta, además de comenzar a ilusionar a una ciudad a la espera de que la Federación de Tenis tome una decisión definitiva, amenaza con resucitar en la Costa del Sol uno de esos debates recurrentes y necesarios, como el del saneamiento integral o el del tren litoral, que pueden aburrir porque más que plantear una necesidad en realidad lo que hacen es desnudar la inoperancia. Hace décadas que periódicamente se plantea la necesidad de contar con un gran evento, en otoño o en invierno, que dispare la difusión de la marca turística y contribuya a combatir el mal endémico de la estacionalización.

Al igual que sucede en el mundo del deporte, los rivales son los que marcan el nivel y los que dan la medida de dónde se encuentra cada uno. En la Costa del Sol se suele decir que la principal competencia a la hora de disputarse los mercados de más alta gama está sobre todo en la Costa Azul, y cuando se recuerda que allí tienen el Gran Premio de Mónaco de Fórmula Uno, el Abierto de Montecarlo de tenis y el Festival de Cine de Cannes es cuando se cae en la cuenta de lo lejos que estamos y de cuánto camino queda por recorrer.

Es posible que aspirar a tanto sólo puede generar desengaño, pero es mejor poner el listón a cierta altura que seguir en esa dinámica pendular que lleva recurrentemente de la autocomplacencia por los números de cada verano a la frustración que genera la impotencia ante los grandes problemas que nunca se resuelven.

No existe una fórmula sobre cómo salir de esta dinámica perversa, pero posiblemente el primer paso sea acabar con el complejo que sigue afectando a algunas administraciones a la hora de apoyar inversiones o iniciativas que tienen a Marbella como epicentro, seguramente por ese absurdo temor a que les identifiquen con los millonarios que veranean en la ciudad y no con los miles de trabajadores y empresarios que mantienen viva esa marca después de medio siglo.

Ahora hay una oportunidad. Marbella quiere acoger la próxima eliminatoria de la Copa Davis y hay instituciones que están tardando en respaldar la iniciativa.

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