Coincidencias (o no)

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

Pasado ampliamente el ecuador de la legislatura, Torremolinos se presenta como el claro ejemplo de que a menudo no basta un cambio político para transformar una ciudad, al menos no al ritmo que sería deseable. Intervienen muchos otros factores, desde la burocracia soporífera de las administraciones hasta el lamentable juego partidista que lastra el futuro de no pocas ciudades. A esto último hay quienes lo llaman coincidencia. La Junta de Andalucía acaba de aprobar parcialmente el PGOU de Torremolinos después de más de una década de tramitación, un visto bueno que 'coincide' con el acto organizado en la localidad malagueña por el PSOE-A para conmemorar el cuarenta aniversario del 4D, baño de masas para Susana Díaz incluido. Llama la atención el recién estrenado interés del Gobierno autonómico por Torremolinos, una localidad abandonada a su suerte durante años, una etapa que 'coincidió' con el sillón a medida, el Ayuntamiento a medida si me apuran, que Fernández Montes fue construyéndose para colmo de su vanidad una mayoría absoluta tras otra.

Ese aislamiento no sólo respondía a un modo personalista y profundamente casposo de entender la gestión local, sino al desapego que las administraciones supramunicipales padecen cuando la Alcaldía tiene un color político diferente al suyo, una indiferencia directamente proporcional a la protección que ofrecen cuando gobierna el mismo partido. Bajo mandato del PP, la Junta prometió construir en Torremolinos un tercer centro de salud, un CARE y hasta un Palacio de Justicia, compromisos que siempre 'coincidían' con la cercanía de una cita electoral y que hasta ahora nunca se han materializado, puro papel mojado que engrosa la montaña de asignaturas pendientes de la Junta con la provincia, casi tan alta como la que mantiene el Estado. Los plenos municipales y sus mociones, que deforman hasta la parodia el verbo instar, simbolizan vergonzosamente esas trincheras que aún sepultan el servicio público; el PP siempre está dispuesto a exigir a la Junta lo que rara vez es capaz de pedir al Gobierno central, del mismo modo que el PSOE siempre tiene el reproche a punto contra el Ejecutivo de Rajoy pero se amilana cuando se trata de pedir cuentas a Díaz. En un escenario así, resulta complicado saber qué porcentaje de la aprobación del PGOU obedece a la eficacia del Ayuntamiento y hasta qué punto se debe a la oportunidad que vislumbra el PSOE de apuntalar una Alcaldía que hasta hace dos años les parecía inaccesible.

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