Coalición, pero menos

ENRIQUE VÁZQUEZ

En un reflejo del interés y del peso creciente que la escena política alemana suscita en Europa, y singularmente en la UE, la anómala situación creada tras la falta de un vencedor claro en la reciente elección legislativa en la RFA empieza a pesar más de lo razonable incluso en una democracia tan madura y solvente. Y en ese marco, la negociación que ayer abrieron formalmente cristianodemócratas y socialdemócratas en lo que parece un último ensayo para formar un gobierno estable está siendo seguida con una expectación literalmente continental.

El proceso será largo y lento e irá sondeando cómo la opinión recibe el arreglo presentado sin entusiasmo y con un sobrio realismo, como la única manera de mantener un rumbo estable y marginar a la pujante ultraderecha nacionalista. Es sabido que los comicios del 24 de septiembre confirmaron el auge de la inquietante Alternativa por Alemania (AfD) y vieron la vuelta al parlamento de los liberales y que, a renglón seguido, las conversaciones para formar un gobierno tripartido entre cristianodemócratas, liberales y Verdes fracasaron. El vacío subsiguiente parecía insalvable porque la socialdemocracia (SPD) había hecho saber claramente que no patrocinaría la vuelta a una 'Grosse Koalition' y, así, se esbozó poco a poco el escenario de una inevitable repetición de las elecciones.

En tal ambiente, sus eventuales protagonistas, empezaron a vender la mercancía poco a poco. El mérito principal de esta operación pedagógica corresponde a Martin Schulz, líder del SPD, quien sin vacilación había reiterado tras la jornada electoral que no estaba listo para reeditar la coalición de gobierno con la CDU de la canciller Angela Merkel. Esta maniobró con destreza apoyada como de costumbre por su histórico socio de Baviera, la Unión Social Cristiana de Horst Seehofer, y recuperando lentamente los contactos con los socialdemócratas mientras Shulz era capaz de vender de nuevo una gran coalición a sus bases. Los militantes fueron sometidos a una lluvia de mensajes positivos encabezados por el presidente de la República, Frank-Walter Steinmeier, socialdemócrata y jefe del Estado desde marzo pasado, que consiguió abrir brecha y obtener de Schulz una promesa de que haría campaña entre las bases socialistas hasta convencerlas de la necesidad de reeditar la gran coalición aunque con matices y sin gran pompa.

Ayer, pues, recomenzó el procedimiento con las precauciones anotadas y la exhibición de paciencia de la canciller Merkel, que describe la eventual coalición como una especie de arreglo para permitir al gobierno resultante que gobierne aunque sea en un sentido más administrativo que político, y, de paso para tener a raya a la ominosa AfD. Si este gran movimiento político-partidario no funciona será insoslayable volver a las urnas, algo que no entusiasma ni a los votantes alemanes... ni a sus socios de la UE.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos