UN CLUB EN PUNTO MUERTO

Una cuestión

MANUEL CASTILLO

Anoche soñé que el Málaga había desaparecido por no disponer de un campo donde jugar. ¡Vaya noche que pasé! Los tres organismos propietarios de La Rosaleda (Ayuntamiento, Diputación y Junta de Andalucía) se habían puesto de acuerdo, por una vez al menos, para rescindir el contrato de cesión del estadio de Martiricos para que el Málaga pudiera jugar sus partidos. Debieron basar su decisión en el hecho de que el club lleva demasiado tiempo sin responder a las expectativas por las que se efectuó dicha concesión, culminándose con un silencio administrativo y un presidente propietario que no comparece por la ciudad, creando así un confusionismo y una bancarrota que han dado ya con el Málaga en Segunda División. Y con un panorama que hace temer una caída en picado a Segunda B. Por eso, pensé en sueños, que si este Málaga del jeque no tiene campo donde jugar, pues que busque otro en Catar y nos deje en paz.

A quienes hemos vivido ya una desaparición no puede asustarnos que se repita la debacle. Y si para quitar de en medio al jeque (única opción para poder salir adelante) hay que tomar medidas drásticas, pues adelante; hágase del Atlético Malagueño un nuevo Málaga Atlético, arrancando desde una categoría inferior pero que, en dos años, podría estar el nuevo equipo en la categoría a la que nos ha enviado el jeque Al Thani. Cualquier cosa menos permitir que se siga hundiendo y humillando al equipo de nuestra tierra, Málaga, por otra parte cuna de campeones. No saben cuán orgulloso asistí esa pasada noche a la novena medalla de oro del karateca Damián Quintero, campeón invencible. Ya los éxitos de las futbolistas malagueñas.

Bien despierto ya, y cada vez más avergonzado al ver cómo se arrastra el equipo por donde quiera que va (lamentable el resultado ante el Espanyol), sólo resta esperar una reacción general de los malagueños de pro. Y esperar, con el club en punto muerto, a ver qué pasa.

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