Club poco selecto

«Sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta»

PEDRO MORENO BRENES

No abren los informativos todos los días como pasaba con Venezuela, no provocan airados debates en tertulianos y en los bares, pero los tenemos cerca, tanto que forman parte de nuestro club, el de los 28 (27 pronto) que conforman la Unión Europea (UE). Y ese club «se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres» (artículo 2 del Tratado de la Unión Europea, TUE).

En Hungría gobierna Viktor Orbán, que aspira según sus propias palabras a instalar una «democracia iliberal», un régimen donde la democracia cede a favor de la autocracia, algo en lo que coincide con el actual gobierno polaco. Un informe de la Federación Internacional de Derechos Humanos presenta un panorama desolador de Hungría: «Las instituciones independientes han sido reestructuradas para privarlas, por ley o en la práctica, de ejercer un control efectivo sobre el Ejecutivo»; «Se ha diseñado un nuevo mapa de distritos electorales y se ha aprobado una nueva ley electoral que favorece claramente al partido gobernante. Leyes restrictivas de prensa... atentan contra el derecho a la libertad de expresión y de prensa». El Parlamento Europeo, el pasado 10 de junio, «deploraba la falta de reacción del Consejo a los últimos acontecimientos en Hungría» (se refieren a la propuesta del Ejecutivo húngaro de aprobar la pena de muerte).

¿Se puede convivir con estos 'perlas' en la UE? El derecho de la UE tiene respuestas a estos desafíos antidemocráticos, y así hay que recordar el artículo 7 del TUE que permite abrir un procedimiento para «constatar la existencia de un riesgo claro de violación grave por parte de un Estado miembro de los valores contemplados en el artículo 2», pudiendo llegar incluso a la suspensión de los derechos de voto del Estado infractor por una mayoría de 4/5 de los estados miembros. Problema, Viktor Orbán es del Partido Popular Europeo y siempre ha recibido el apoyo, entre otros, de Merkel, Sarkozy y Aznar (persona que según Orbán «representa la grandeza, el honor y el compromiso... algo que falta en la Europa actual»: ¡Manda narices!). Los suyos lo defienden con un «sólido» argumento: Orbán es parecido al primer ministro eslovaco, Robert Fico, que es socialdemócrata y crítico con la acogida de refugiados (en honor a la verdad hay que decir que el presidente del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo ha pedido que Fico sea suspendido de militancia en el Partido Socialista Europeo).

Todo esto me hace recordar la frase que se atribuye a Roosevelt y referida al dictador nicaragüense Tacho Somoza: «Sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta».

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