Cloacas y campanarios

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

Desfallezco en Madrid por Recoletos. La Feria del Libro Antiguo y de Ocasión exhibe este año tantos volúmenes que debo sentarme, mareado, en un banco al que tampoco abandona el sol inclemente. Madrid, 3 de octubre, 2017. No hay ángel exterminador que nos persiga, pero no me importa, lo cierto es que este sol esplendoroso no se decide a morir este verano interminable, ni siquiera en Pedralbes, donde la izquierda ultramontana ha violado a los nietos de Lerroux y de la Lliga, ni siquiera en los vitrales del Campo del Moro, por donde Carlos III huyó de la turbamulta que buscaba a Esquilache. Hay que ver esta familia siempre saliendo y entrando de una península que se dirige al anís del mono. Exhausto, no me importa que al sentarme se manche mi traje claro, daré trabajo a los tintoreros, porque no hay mácula más limpia que aquellas causadas por las cloacas y campanarios madrileños. Controversias de verbena, le dijo Maruja Mallo a Soler Serrano, director del televisivo 'A fondo', controversias de verbena es lo que sufre de tanto en tanto la piel de toro. Y tenía razón. Por fin alcanzo Claudio Coello. Llego destrozado; qué dura se me ha hecho La Puerta de Alcalá, otro relámpago ilustrado del rey-alcalde. Frente a El Retiro me encuentro a una amiga malagueña: Hace más 'caló' que en Málaga, Alfredo; me lo espeta secándose el cuello con un pañuelo azul salpicado de lunares blancos. Y le doy la razón a Mari Paz, hija de calle Cervantes, criaturita bondadosa.

La exposición de Maruja Mallo (Lugo 1902-Madrid 1993) es de un dulzor amargo que se desliza entre orden y creación, entre negras desnudas bajo una anarquía matemática exuberante y retratos finos y sedosos, máscaras africanas al gusto de Apollinaire y de nuestro Picasso multiforme, arquitecturas vegetales, y playas chilenas interminables que tienen algo de fin del mundo. Eso lo vivió exiliada nuestra magna artista, un destierro atemperado por Victoria Ocampo, Basilio Losada y buena parte de la gente bien bonaerense, uruguaya y neoyorkina, que le encargó delicados trabajos murales, y donde aprendió a pintarse esos rabillos en los ojos. Guillermo de Osma, auxiliado magistralmente por Juan Pérez de Ayala, o viceversa, han dispuesto dos cuartos/cuartetos de cámara en los que se ha colgado el flamoyant incontenible de una obra -óleos y dibujos- enigmática sobre paredes burdeos. Maruja fue amiga de todos. Amante de Miguel Hernández, mantuvo amistades femeninas y masculinas peligrosas, escribe Estrella de Diego; suyas fueron las matronas de oro de la intelectualidad ibérica e internacional: Concha Méndez, María Teresa León, María Zambrano, Marie Blanchard, Leonora Carrington, Ángeles Santos Torroella, la enorme Gabriela Mistral, y en el reverso, fue amazona del 27: Federico, Buñuel, Alberti y Dalí, que le dijo: «Eres mitad ángel, mitad marisco», y no andaba descaminado el loco de Figueras, al que Maruja recordaría otro atardecer, años después, paseando por las playas del Pacífico. Guillermo Busutil me decía ayer que le dolían muchos los silencios de las posverdad. Los silencios se oyen, y Maruja jamás se calló.

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