Golpe de dados

De Cleopatra a Dorian Gray

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

Hay que leer siempre pero sobre todo en los días y las noches blancas de Navidad, paladeando esas páginas que deparan sorpresas diversas. Leer para ser libre, para aplastar el fanatismo venga de donde venga. Leer o releer, si cabe, y rizando el rizo, 'Una Historia de la lectura' de Alberto Manguel -edición de lujo en Lumen- donde se describe el origen de la escritura, desde la epopeya de Gilgamesh a las pantallas electrónicas, donde el autor porteño nos explica porqué el ser humano necesitó, desde muy antiguo, expresar el lenguaje oral en signos gráficos marcados en cualquiera de los soportes, desde las persistentes inscripciones en piedra, pasando por los frágiles papiros egipcios o los pergaminos de piel tratada de res, hasta el papel que conocemos, y que vino de China, los libros miniados y mimados de las abadías, los grandes márgenes del mundo, las acotaciones, la eclosión de la imprenta Guttenberg, y ahora la pantalla, cuya liturgia, hoy por hoy, resulta oscura por muy iluminada que aparezca. Nada hay como el acerbo que ofrecen las librerías y bibliotecas, prolongación de nuestra memoria, dijo y escribió Borges, el ciego vidente. Todo está en los libros: nuestro presente que se hace en el hacer, nuestro pasado verdadero, y el reconstruido, y nuestro futuro, tierra incógnita al albur del tiempo.

Por eso estos días de amor y solidaridad en que nos reunimos en torno al hogar con nuestros seres queridos para recordar al Niño Dios, también los podemos dedicar, al quedarnos solos y ahítos, a abrir uno de los libros que seguro algún despistadillo nos ha regalado. Es difícil elaborar un programa de lecturas, pero yo lo voy a hacer, se trata de uno breve, portátil, dual, con la esperanza de que alguno de mis queridos lectores caiga en la trampa. Acabo de terminar el delicioso ensayo 'Cleopatra: Mujer, reina y leyenda', de Lucy Hughes-Hallet, en traducción de Amelia Pérez Villar para Fórcola Ediciones, uno de los trabajos más imaginativos que se suma a la ya amplísima bibliografía sobre la última Lágida, un mito del Oriente Medio más sofisticado -siglo I A.J.C- que no estuvo dispuesta a convertirse en monarca clientelar, y que para ello puso en pie un teatro imaginario en tres culturas -griega, romana y egipcia-, con el objeto de contener la invasión de las legiones del Lacio. Paradójicamente, su fracaso militar en Actium más tarde se revelaría como una gran victoria. De Cleopatra a Dorian Gray no hay un gran salto, por eso les recomiendo 'El retrato de Dorian Gray' (edición sin censura) en traducción que Victoria León ha realizado para la editorial 'El Reino de Cordelia'; se trata de la primera versión -la radical, ambigua, amoral y trágica- no la que el director de 'Lippicott´s' obligó a publicar a Óscar, y que él censuró más todavía, atemorizado por las represalias y el qué dirán. Y a pesar de todo, se armó el escándalo y Wilde terminó en la prisión de Reading como un vulgar delincuente sexual. Puro veneno, vale la pena.

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