El clan del ogro

Golpe de dados

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

El pasado martes unidades del ejército nacional de Zimbawe rodearon la casona azul presidencial del anciano Robert Mugabe, el dictador más longevo de la tierra, que tras algunos días de obstinación ayer anunció su renuncia, lo que agrava aún más la crisis de este país devastado por la muerte y la ruina. Robert Mugabe llegó al poder en 1980 rodeado de un aura de luchador contra la oprobiosa administración de la minoría inglesa en la antigua Rodhesia, algo que, sin faltar a la verdad, no justifica el régimen paternalista, en los primeros años, y omnímodo en las últimas décadas, que el prisionero de Ngema estableció en su país, a cuyos opositores ha sometido a torturas y asesinatos en masa -se estima entre 20 a 30 mil personas han sucumbido-, y a una desastrosa descapitalización, con la escalofriante cifra del 90 % de población desempleada, lo que hace que grupos de personas vaguen sin rumbo fijo, dentro y fuera del país. Y precisamente la vecina Sudáfrica es la que mas huidos recibe, añadiendo problemas a la estabilidad en la zona, visitada por millones de turistas.

Conocí Zimbawue (o bue o we) en 2002, invitado a Suráfrica por mi buena amiga Teresa Pizarro; recuerdo que avanzamos unos kilómetros por el desfiladero de Intibani, de majestuosa altura; hicimos nuestro periplo en silencio ante la belleza natural que no imitaba al arte sino lo superaba. Desde lejos observamos el esplendoroso amanecer en las sabanas, de tonalidades rosicler y salmón, pero también vimos, tras una curva interminable, como se alzaba una enorme pancarta con el rostro pintado del mandatario que ayer fue forzado a dimitir. Se llama culto a la personalidad. Estos días la frontera oficial por Beitbridge se encuentra colapsada y miles de zimbabuenses han entrado en Suráfrica jugándose la vida, a través de cuevas, evitando las altas alambradas que el ejército, comandado por el general Mnangagwa, sucesor de Mugabe, alias 'el cocodrilo', construyó sin temblarle el pulso, antes de decidirse a derrocar a su viejo jefe. Por eso, tanto Naciones Unidas como la Unión Europea, temen un endurecimiento, si cabe, del régimen y temen que los clanes militares se enfrenten entre ellos propiciando una, otra, guerra civil: todo por el suculento pastel rubís y diamantes que deja tras de sí el repugnante patricio. También se teme por la vida de Mugabe, de su esposa y de sus hijos; precisamente Grace Mugabe ha sido el detonante de la crisis ya que pretendió hacerse con la vicepresidencia y no dudó en influir en su esposo para que desplazara a Mnangagwa, pero este se ha revuelto y ha barrido al clan que usurpó en poder cerca de cuarenta años. Un auténtico culebrón si no fuera porque a los muertos hay que añadir fincas expropiadas, expolios a mano armada y una implacable represión en todos los ámbitos. Hasta China se retiró de Zimbawue cuando la oposición le contó los métodos de su aliado en los campos de trabajo. No me extraña.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos