CIUDADES DEPORTIVAS

NIELSON SÁNCHEZ-STEWART

LEÍ hace un par de días que se había elaborado un ranking de las ciudades donde sus habitantes hacían más ejercicio. No terminaré nunca de preguntarme cómo se obtienen esos resultados. Las estadísticas, ya se sabe, están a caballo entre la verdad y la mentira, no son ni lo uno ni lo otro y, además, nos libran de los cocodrilos. No me imagino que un equipo se desplace por el mundo a averiguar con qué frecuencia los ciudadanos se embuten un chándal y se lanzan a la calle. Ni que visiten gimnasios y cuenten a los usuarios de las diversas máquinas de tortura que allí se pueden elegir. Pienso que se limitan estos investigadores a telefonear a cuatro gatos y preguntarles si mueven el esqueleto con regularidad y apuntan la respuesta que, por supuesto, puede ser más falsa que Judas en un librito o en su tableta. Nótese que sigo las instrucciones de don Darío y no escribo &ldquotablet&rdquo a pesar de la pequeña economía que significa. Bueno, pues, el artículo nos informaba que la ciudad más deportiva, si una ciudad puede tener ese carácter es Boulder. En mi vida había oído hablar de esa importante urbe y eso que está en el estado de Colorado que es famoso porque por allí radica Aspen donde los millonarios van a esquiar olvidando que en Sierra Nevada hay unas pista estupendas. En este para mí ignoto paraje, el setenta por ciento de los &ldquoboulderenses&rdquo afirman hacer ejercicio regularmente tres veces por semana. Deben estar como unos toros o ser unos redomados mentirosos. Parece que en Colorado el que no corre, vuela porque aparecían otras dos ciudades con las que, igualmente debo reconocer, estoy poco familiarizado: Fort Collins y Greeley. Cualquier dato que se me pueda suministrar sobre estas villas será agradecido. La noticia aportaba un link. Está claro que no se puede escribir cinco líneas seguidas sin utilizar una expresión inglesa, ésta recientemente admitida por la Academia con su significado de 'conexión que se establece entre dos elementos de un hipertexto' y su advertencia que es voz inglesa de uso frecuente, en el lenguaje informático pero añadiendo &ldquohoy&rdquo ya que mañana puede ser de uso no tan frecuente. El link permitía encontrar tu ciudad y comprobar su posición en el escalafón. De más está decir que escribí 'Marbella'. La respuesta fue de lo más desconcertante. Estaba en el condado de Charles, no tenía categoría de ciudad y su altitud era de 190 pies sobre el nivel del mar. No coincidía nada y, claro, no era la mía, era el villorrio que está en el estado de Maryland. Es que el método para comprobar el nivel de deportividad estaba limitado a los Estados Unidos. No era sólo 'America first': era 'America only'.

Fuera ya de la estadística no me queda sino especular. ¿Con qué frecuencia harán ejercicio mis paisanos? Lo primero es determinar qué se entiende por ejercicio. Porque muchos, si se les encuesta, dirán que lo practican cada día porque pasean el perro o van a comprar el pan, sin contar con el paseíto por la tarde con la pareja. Es cierto que cualquiera de estas actividades demandan un pequeño sacrificio: abandonar la butaca donde se encuentra uno tan bien y dejar de mirar la tele por un rato a riesgo de que suceda algo importante y nos pille desinformados. También es cierto que no puede exigírsele lo mismo a un mozo que a un jubilado que para lo que a uno es nada para otro es la misma muerte. Una de las once acepciones del diccionario de la palabra ejercicio es conjunto de movimientos corporales que se realizan para mantener o mejorar la forma física, una definición finalista y acertada. Yo le agregaría un requisito más que, evidentemente, por su falta de elegancia, no se incorporará jamás, ya lo sé. Debería exigirse para su configuración como tal ejercicio el que ponga en funcionamiento las glándulas sudoríparas. Si no, no vale. En los gimnasios de la pérfida Albión se lee frecuentemente, 'no pain, no gain', no hay ganancia si no hay dolor o, por lo menos, sacrificio. Hay que sudar la camiseta para que podamos figurar en la categoría cuando la encuesta llegue por aquí.

Sus autores dicen que entrevistaron a 177.000 fulanos para llegar a sus conclusiones. Habrá que creerles. A mí no me han preguntado nada y de momento, persisto en mi cotidiana y solitaria caminata en mi cinta andadora, 7 kilómetros por hora, 43 minutos para llegar a los 5000 metros. Esta mañana, sin ir más lejos porque se suda pero no se avanza.

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