La ciudad sucia

Un ejército de profesionales limpia nuestro paso por el mundo y aquí no ha pasado nada

Pablo Aranda
PABLO ARANDAMálaga

El alcalde ha mandado a Limasa a la concejala Porras. El futuro de Limasa, y el nuestro, sigue en el aire, ya que aún no está claro cuál será el modelo de la gestión de la limpieza en Málaga. Hace un año que caducó la concesión a la empresa semimunicipal Limasa, pero ésta se prorrogó hasta que se decidiera el nuevo modelo, que podría ser el de siempre. El líder de Ciudadanos, Cassá, barre para afuera, y defiende la externalización de servicios, mientras el alcalde parecía partidario de la municipalización, en lo que coincidía con los grupos de izquierda. El alcalde había lanzado ya algún globo sonda, que la plantilla de Limasa trató de explotar, y en febrero anunció la solución híbrida: una empresa privada limpiaría las calles y otra municipal se encargaría de la recogida de residuos. Sin conocerse aún los detalles del nuevo modelo, el alcalde remodeló ayer su equipo de gobierno otorgando el control de Limasa a la concejala Teresa Porras, responsable de Fiestas y del Distrito Centro. El Ayuntamiento busca una ciudad limpia gastando menos y también una empresa de limpieza con menos posibilidad de ensuciar la paz social, de ahí que interese dividirla. Todo está verde aún, excepto los nuevos vehículos, que cambiarán el verde por el blanco. Habría que evitar en la medida de lo posible que los socios privados reciclen la basura en dinero sin ensuciarse los zapatos al pisar nuestras aceras, pudiéndose lavar los trapos sucios en Casona.

Independientemente de quién gestione la limpieza, no me gusta tener un barrendero detrás de la oreja. Tras cada evento, un ejército de profesionales de la limpieza hace ver que ahí no ha pasado nada, pero claro que ha pasado. La Semana Santa, sin ir más lejos, ha sido un éxito y la única pega es el comportamiento de algunos sucios ciudadanos, que son muchos. Calle Carretería parecía la playa un domingo por la tarde. Al rato llegaba Limasa y recogía nuestras cáscaras de pipas, y el asfalto quedaba listo para ser ensuciado de nuevo. El comportamiento cívico se gestiona de manera también híbrida, pues aunque cada cual decide estamos muy condicionados por lo que nos han enseñado. Y por cómo se toma en nuestro círculo la porquería que dejamos tras nuestro paso. A estas alturas ya deberíamos haber aprendido que la arena de la playa no es el lugar idóneo para dejar la colilla, ni la acera donde dejar la caja de la pizza con la que seguimos la dieta mierditerránea.

Los barrios están sucios y hay que limpiarlos más, y mejor, pero sobre todo ensuciarlos menos. Como algunos puestos de Limasa, el incivismo es hereditario, pero tiene solución. Hay que invertir en campañas educativas, porque nos cuesta aprender, y también hay que castigar los comportamientos insolidarios. La playa es el gran parque malagueño, y gratuito. Que no vaya quien no sepa cuidarla.

Teresa Porras va a encontrarse 80 vehículos blancos, nosotros un futuro negro. Como el presente. En gran parte debido a nuestro comportamiento.

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