La ciudad sensible y el turismo urbano

Nadie puede dudar de los beneficios que el turismo urbano está aportando a Málaga, pero es necesario utilizar los instrumentos de política municipal para reparar los efectos negativos que está suponiendo

PEDRO MARÍN COTSECONOMISTA

Hace siete años, en la segunda edición del libro 'Viva la Calle', recapitulación de la estrategia de recuperación y revitalización del centro histórico, se señalaban los problemas que un exceso de la capacidad de carga turística podían tener tanto sobre la morfología de la ciudad antigua como sobre su población residente.

Desde entonces se han realizado numerosos estudios de usos del suelo, del cumplimiento de las diferentes normativas municipales en relación a la ocupación del espacio público, de la excesiva concentración de usos de hostelería, comercio franquiciado, y ocupación de plantas altas por usos diferentes al residencial tal como señala la normativa del PEPRI y el PGOU, entre los que destacan los incluidos en la Agenda Urbana de 2015 (ver web del OMAU).

No hay nada extraño en ello, todo lo contrario, es el primer requisito que debe cumplir un Observatorio para tratar de comprender la realidad a partir del análisis riguroso de los datos a través del sistema de (128) indicadores urbanos. No se trata de mirar a través de una bola de cristal el futuro próximo de la ciudad, pero si de tener los elementos metodológicos y de investigación que permitan identificar el inicio de los problemas colaterales que conlleva el turismo urbano, antes que nos explote de golpe.

Los problemas que hoy rompen el equilibrio urbano en los centros históricos de muchas ciudades no se han generado de forma espontánea, llevan años incubándose, y han estado asociados básicamente a los procesos de recuperación urbana y de la ampliación del espacio público y peatonal. Disponemos de sistemas de información geográfica propios donde situar la presión turística (que no abarca más de 15 hectáreas de centro histórico de Málaga) y que han sido estimados y distinguidos en otras ciudades europeas donde lo hemos mostrado en intercambio de experiencias.

En Málaga, la consolidación de una supermanzana de 44 hectáreas, básicamente el perímetro de la antigua ciudad amurallada, ha mejorado de forma notable la imagen que el Centro tenía en 1994 cuando iniciamos la estrategia de recuperación urbana cofinanciados por Urban y que continúa hasta 2023 a través de la eDUSI ( centrada ahora en los antiguos Arrabales y Lagunillas). Esa mejora física y ambiental de las calles, plazas, de los edificios rehabilitados y de la nueva oferta museística y patrimonial ha provocado que, como en otras ciudades europeas, el turismo urbano pase de ser un completo desconocido a ser algo habitual (en 2000 solo el 4% del turismo desplazado a la Costa del Sol se acercaba a Málaga capital, cuando un 14% lo hacían a Sevilla o a Granada).

Del medio millón de visitantes que tuvo la ciudad en el año 2000, se ha pasado a los poco más de cuatro millones de 2016. De las 4.200 plazas hoteleras y de apartamentos de entonces a cerca de 20.000 actuales. Nadie puede dudar de los beneficios que el turismo urbano está aportando a Málaga, aproximadamente un 15% del PIB local, pero al mismo tiempo es necesario utilizar los instrumentos de política municipal para reparar los efectos negativos que está suponiendo.

Cuál Simón del Desierto, el OMAU ha venido exponiendo en los últimos años los problemas a los que ahora no hay más remedio que enfrentarse. La pérdida de población se ha ido reflejando año tras año, no sólo ya en el ámbito de la ciudad Antigua, sino en los Arrabales y de manera significativa en los últimos años en Muelle Heredia-Soho (precisamente como proceso paralelo a la renovación urbana del ensanche de principios del siglo XX). Justo lo contrario del primer objetivo que nos propusimos hace ya 22 años, y que sigue siendo la premisa estratégica del Avance de revisión de PEPRI y de la Agenda Urbana.

Solo comprendiendo de forma integral los problemas del centro histórico, la expulsión de comercios tradicionales, la pérdida de población, el exceso de ruido, la masificación y exceso de ocupación del espacio público, el crecimiento exponencial de las viviendas vacacionales, y teniendo una sólida intención de recuperar el equilibrio perdido, se podrá evitar que la gallina de los huevos de oro se convierta en un trivial parque temático donde la simulación y la representación, entre lo real y lo impostado, modifiquen la referencia histórica de identidad de Málaga tal como la conocemos.

De nada sirven propuestas sectoriales y aisladas sin una base global y rigurosa de trabajo. La tasa turística o la diferenciación del IBI puede tener su justificación, que la hay, si lleva consigo un firme y razonado argumento, no una frágil e inconsistente demagogia. Al igual que las regulaciones de usos e intensidades en las que llevamos años comprometidos, ciertamente con poco o ningún éxito. No se trata tanto de nuevas regulaciones, que ciertamente son necesarias para acompasar las novedades de la sociedad de la información, sino principalmente que se cumplan las actuales normativas municipales y autonómicas. No es tan complicado, se trata de recuperar políticas públicas, no de dejarse gobernar por un supuesto mercado que no entiende de sensibilidad urbana.

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