LA CIUDAD DEL SANTO JOB

FRANCISCO MOYANO

CABE imaginar que la ciudadanía de Marbella es cada día más escéptica; aquí ya no nos creemos casi nada y, a este paso, vamos a terminar defendiendo precisamente la doctrina filosófica del escepticismo: la verdad no existe y, en caso de existir se muestra esquiva al conocimiento de los seres humanos. Marbella pugna, sin ningún tipo de disimulo, a ser uno de los centros mundiales del lujo por antonomasia; la excelencia turística, como reclamo además de tendencia a la que aspirar, forma parte de las pretensiones y de las campañas de promoción. Es un modelo por el que se lleva muchos años trabajando. Las villas de lujo extremo, en urbanizaciones paradisíacas que casi nadie ha visto, con precios desorbitados, son imágenes casi legendarias proyectadas más allá de nuestras fronteras. En contraste, seguramente sangrante y lacerante, somos una ciudad donde se carece de un centro de transeúntes o un lugar donde dar acogida a las personas carentes de un techo. Ausente, de igual manera, una residencia para ancianos. Ciudad que, en más de una ocasión, ha brillado por la celebración de una fase de la Copa Davis o por el inicio de la Vuelta Ciclista a España, lo que ha llevado a las autoridades locales a resaltar las infraestructuras deportivas con las que contamos. Puede que se encuentren en el ámbito privado porque en la oferta pública las carencias y deterioro de lo existente es fácilmente constatable: los deportistas de Marbella siguen obteniendo éxitos a pesar de la inexistencia de instalaciones adecuadas. Ausencia de piscinas con medidas reglamentarias, polideportivos obsoletos o con falta de conserjes; un estadio de fútbol afectado de muchos males y cayéndose a trozos, al que seguramente habría que demoler y volver a levantarlo. En esto tienen que ver todas las administraciones y la ciudadanía que debe pronunciarse y tomar nota de las actuaciones. A fuerza de repetirse las promesas incumplidas, terminamos instalándonos en la indiferencia rutinaria que, muchas veces, se asemeja a un supremo ejercicio de paciencia. Dejando al margen la llegada del tren, tan tratada en los últimos meses, seguimos con proyectos enquistados que crearon ilusión en su momento, que son necesarios para que el futuro inmediato se nos presente con garantías. Vamos camino de los ocho años desde que las obras de ampliación del hospital comarcal Costa del Sol fueron paralizadas. Sin duda el personal de este centro posee un mérito que debemos reconocer por las condiciones en que trabajan. De vez en cuando se reclama el reinicio de las obras, se anuncian conatos de acuerdo, trasciende la reivindicación de alguna plataforma, pero sigue sin verse ningún albañil ni escucharse el movimiento de máquinas. Mientras esta paralización se mantiene, se anuncia un tercer hospital para Málaga y el de Estepona marcha en plazo. Es posible que ambos entren en funcionamiento antes de que las obras del Costa del Sol se hayan reanudado. Nada que objetar a que estos centros se construyan, todo lo contrario, pero la desidia de la administración no deja de ser un menosprecio del administrado y una ineficacia sobre la que los ciudadanos deberíamos pasar factura. Otro grano en el trasero marbellí: la ampliación del Puerto de la Bajadilla, confiada a una UTE participada mayoritariamente por el jeque futbolístico (terrible gestión) Al- Thani y con la participación del Ayuntamiento y la Sociedad Pública Puerto de Marbella. Tras reiterados incumplimientos, todo tipo de plazos ampliados por parte de la Junta y una suerte de 'toreo' de despacho magistral por parte del jeque, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía termina declarando la «insolvencia técnica y económica» del presunto magnate. Otro proyecto que posiblemente terminará en realidad: la construcción por la empresa Platinum Estates y Marriott International Inc. de un Hotel W Marbella Resorte, en la zona de Real de Zaragoza (Las Chapas), con 200 habitaciones y 100 villas y apartamentos. Se dijo que en el verano de este año se abriría el Beach Club y en 2021 el hotel. La recuperación o rescate del hotel don Miguel por Magna Hotels and Resort para ser explotado por el Club Med, fue otra de las grandes noticias del año pasado. Algo parece que se mueve con la concesión municipal del permiso de demolición parcial. Nuevamente tenemos que hacer un acto de fe. ¿Por qué cuesta sudor y lágrimas que algún proyecto prospere en Marbella?

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