LOS CIEN AÑOS DE VICENTE DE ESPONA

FRANCISCO MOYANO

El día 24 de marzo de 1918 fue Domingo de Ramos. Eran tiempos convulsos para Europa que llevaba cuatro años padeciendo la Gran Guerra (Primera Guerra Mundial) que había acabado con millones de ciudadanos entre militares y civiles. En España gobernaba Alfonso XIII y el país se había mantenido neutral en la contienda, aunque con un intenso debate en la opinión pública que se encontraba dividida entre &ldquoaliadófilos y germanófilos&rdquo. Aquél domingo de Ramos, en la ciudad de Valencia, vino al mundo el quinto hijo del matrimonio formado por María Mónica Carrera Palomar y Guillermo de Espona Entrambasaguas. Le pusieron en la pila bautismal el nombre de Vicente Juan Augusto José Ignacio. Pasados los años, aquel niño sería el artista plástico Vicente de Espona Carrera, quien desarrollaría su peripecia vital entre las ciudades de Valencia, Barcelona, Sao Paulo y Marbella, siendo en la Costa del Sol donde pasó prácticamente los últimos 24 años de su vida, desarrollando una fructífera obra escultórica y pictórica, destacando los monumentos ubicados en espacios públicos. Estudió el bachillerato en el colegio de los Padres Jesuitas de Barcelona y, aunque ya se sentía atraído por el dibujo, aún no había tomado la opción de convertirse en artista. Sin duda influenciado por el hecho de que su padre era abogado, comenzó los estudios de Derecho pero pronto comenzó la Guerra Civil y se vieron interrumpidos; los retomó tras la finalización de la contienda, concluyendo la carrera en dos años. Opositó para ocupar plaza como asesor jurídico del Banco Popular, permaneciendo en este trabajo durante siete años, tiempo más que suficiente para quedar desengañado del ejercicio del Derecho, hasta el punto de que, unido a las malas relaciones familiares, se vio obligado a solicitar ayuda psiquiátrica. También había trabajado como ilustrador de libros, reportero de alguna publicación y la radio, donde su voz extremadamente grave le llevó incluso a imitar el rugido de un león, ante las protestas familiares. La vida familiar se hizo cada vez más insostenible, sobre todo a raíz de haber contraído matrimonio en 'artículo mortis' con una mujer toxicómana y madre de un hijo, resultando un escándalo para la familia. Tras la muerte del padre en 1949, comienza a considerar la posibilidad de abandonar España. La decisión la toma en 1951, embarcando con rumbo a Brasil, país donde iba a permanecer hasta su regreso a España en 1970. Es en el país americano donde se convertirá en artista plástico, realizando enormes murales, carrozas para el carnaval y decorados para el cine, además de diseños arquitectónicos. Abriría estudio en Sao Paulo. Tras casi veinte años en Brasil, en 1970 regresa, y se ubica en el Refugio de Monstseny, en el hostal que regentaba su hermano y esposa. Es en septiembre cando conoce a Anna María Muñoz Miró, una joven de Sabadell veinte años menor que el artista. El enamoramiento mutuo es instantáneo y sería su compañera hasta su fallecimiento en 1995. Ante la falta de adaptación al trabajo que desempeñaban en el Montseney, valoran emprender un viaje, decidiendo sobre el mapa, hacerlo a Marbella. Era el año 1971. Llegaron una noche de primavera a la Plaza de los Naranjos y quedaron cautivados por el lugar, de forma que deciden fijar su residencia en Marbella. Tras un periodo de gran dificultad, Vicente comienza a recibir encargos y a dar a conocer su obra. En años sucesivos, el Ayuntamiento le encarga una serie de obras monumentales: el mural escultórico Sol de Marbella, que se encontraba en la Sala de Usos Múltiples de la Plaza de la Victoria, demolida al comienzo del mandato del GIL en el Ayuntamiento, con la destrucción de la obra, que nunca ha sido restituida a pesar de existir sentencia judicial en ese sentido; el Monumento Homenaje a Andalucía, recientemente rehabilitado y en San Pedro Alcántara la Síntesis de San Pedro, destruida en su momento y construida de nuevo, el Regreso del Olivar, recientemente rehabilitada y cambiada de ubicación, y la Mujer Pájaro. Su amplia producción pictórica y escultórica de pequeño y mediano tamaño, permanece en la casa estudio del artista, custodiada por su viuda, a la espera del prometido espacio museístico en San Pedro Alcántara para poder hacer realidad el deseo del artista de donar su obra como patrimonio del pueblo de Marbella. Cien años de un artista que se consideró marbellí, al tiempo que se proclamaba 'ciudadano del mundo'.

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