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El escándalo de las notas falsas de Cifuentes debería suponer el fin de su carrera política

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

«En los últimos tiempos vengo sufriendo ataques permanentes. A quien esté detrás, que sepa que me hace más fuerte». Esta es la mesiánica respuesta de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ante la poderosa evidencia de varias irregularidades cometidas en la obtención de su máster y que apuntan a que varias calificaciones, incluida la correspondiente a su trabajo final, pasaron sospechosamente de 'no presentado' a 'notable' como por arte de magia. Las explicaciones que tanto Cifuentes como el rector de la Universidad Rey Juan Carlos han aportado sobre el asunto no resultan en absoluto convincentes, y los ingredientes apestan cada vez más a lo que tiene toda la pinta de ser un aprobado por la cara. El profesor de este milagroso máster fue contratado por el PP como asesor en un Ayuntamiento madrileño. El curso en cuestión, de 600 horas supuestamente presenciales, fue realizado por Cifuentes mientras ejercía de delegada del Gobierno en Madrid. El trabajo se llamaba 'Reparto competencial en cuanto a materia de seguridad ciudadana', un título por otro lado horrible, pero no aparece por ninguna parte, el gabinete de Cifuentes sostiene que el documento, que si es que existe habrá de estar impreso en en letras grandes y a doble espacio, se ha podido perder en las 'varias mudanzas' que ha vivido la presidenta. La Universidad no aporta ningún documento convincente y lo achaca todo a errores administrativos de complicada verosimilitud. Varias asociaciones universitarias ya han llevado el caso a la fiscalía. Estamos ante un oloroso escándalo que no sólo pone en entredicho la honestidad de la presidenta del PP madrileño, sino que hace tambalear los cimientos de toda una universidad pública.

En Alemania el ministro de Defensa, uno de los políticos más valorados del gabinete de Angela Merkel, presentó su dimisión cuando se supo que había incurrido en el plagio de varias páginas de su tesis doctoral. Aquí estamos ante un escándalo mucho mayor, con ingredientes de sainete y con una cutrez impresionante. Si estuviéramos en un país decente, este suceso de falsificación de notas debería suponer el fin de la carrera política de quien para muchos, incluida la cúpula del PP andaluz, era una firme candidata para sustituir a Rajoy. Pero aquí no pasa nada. En España no pasa nada. No hay dimisiones ni queda ni un solo ápice de vergüenza. Nos gobierna un partido con más de 800 imputados por corrupción, descrito por la UDEF como una organización criminal y ha sostenido durante años un acreditado sistema de corrupción, normalizado y patentado. El presidente del Gobierno aparece como receptor de dinero negro. Es una vergüenza que este sea el partido más votado en España. El PP ya está absolutamente desacreditado como referente moral. Sus dirigentes no se merecen gobernar nuestro país.

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