Chiringuitos

NIELSON SÁNCHEZ-STEWART

ELvocablo me evoca épocas felices: cuando llevábamos a nuestros niños a la playa, dejábamos el coche bajo la sombra de unos eucaliptus que iban desde la actual avenida que recuerda al nobel hasta lo que antes era un arenal y hoy es el paso marítimo. Allí había un establecimiento, creo que aún existe, cuyo dueño era simpatiquísimo, muy flamenco. Estaba casado con una señora estupenda, sueca creo que era. Comíamos huevos fritos con patatas y bebíamos sangría. Éramos dichosos pero la verruga plantar se interpuso en nuestro camino y nos desterró -o nos 'desarenó', si se me permite - de la playa. Esta experiencia fue la que me puso en contacto con los chiringuitos. Durante mi infancia no existían. Íbamos a bañarnos y nos desvestíamos en carpas que les daban cobijo a nuestros mayores que nos vigilaban para que no nos ahogásemos. Si teníamos hambre o sed había que recurrir a las viandas que se habían traído de casa o aguantarse hasta la hora de comer.

La expresión 'chiringuito' siempre me ha llamado la atención. La Academia no es muy generosa para explicarte su origen o su significado. Te suelta una definición bien poco precisa: quiosco o puesto de bebidas al aire libre. Todos sabemos que el aire no es tan libre, hay techumbre y cerramiento y que no sólo se bebe allí sino también se come y, generalmente, bastante adecuadamente. Lo que lo caracteriza es que su estructura da un aspecto provisional. Esto es así hasta que se ha erigido, o se está erigiendo, un monstruo con viso de permanencia en la desembocadura del arroyo de Camoján que, inexplicablemente parece estar en una zona no afectada por la Ley de Costas ni por las disposiciones restrictivas de la hidrografía. Estuvo paralizada la obra durante unas semanas y yo esperaba a las retroexcavadoras que repondrían el estado de la zona a su anterior aspecto pero no. Ha continuado inexorablemente y me explican que cumple la licencia con todos los requisitos. La verdad es que no lo entiendo. Lo que es muy provisional es la situación jurídica de los demás negocios. Van renovando los permisos por plazos muy breves manteniendo la inquietud de los concesionarios sobre el futuro. Titubean invertir en la mejora de sus instalaciones porque se temen con razón que los pondrán no en la calle porque ya lo están sino quizá donde. A Julio, el mar se le ha llevado la playa y si le dicen que tiene que apoquinar contesta que sí pero con cierta seguridad.

En México, donde también hay, se les llama «changarritos» y es misterio de donde proviene tanto esa denominación como la que nosotros conocemos. De América, seguro porque sin el diminutivo tiene diversos significados, chiringo, en Puerto Rico es pequeño, también, chiringa, una cometa. Vaya usted a empinar chiringas te dicen cuando te mandan a paseo. Y es usual en Cuba para significar un café, la bebida. De allí parece haberla importado un indiano que montó un merendero en Sitges hace un siglo. Pero no está nada claro.

Cualquiera que sea su origen, es evidente que nuestro mundo sería diferente si no existiesen. Quizá el señor presidente de la Asociación de Playas de la Costa del Sol exageraba un poco cuando recientemente declaraba &ldquosi no existieran los chiringuitos no habría turistas&rdquo. Creo que el turismo ya no busca como antes exclusivamente sol y playa y hoy los que nos visitan vienen también a otras cosas, a jugar a golf, a conocer las hermosas ciudades vecinas, a divertirse en las discotecas pero no hay duda que el atractivo que ofrecen estos sitios que alimentan por precios asequibles y no demandan mayor etiqueta en el vestuario para sentarse a la mesa son un atractivo innegable.

El gran problema que tenemos en Marbella es que el Mediterráneo se empeña en acercarse cada vez más a la línea marítimo terrestre original procurando recuperar el litoral ocupado. Surgen las piedras y la arena se va a las profundidades. Nos dicen que se repondrán esos espigones que alguien destruyó hace unos años. Ya se sabe la tendencia a tropezar con la misma piedra.

Chiringuito también es el negocio turbio, sumergido y no controlado. Nada que ver con mi consuegro.

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