Chiquito, un hombre bueno

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

Ayer domingo el funeral en la parroquia de San Pablo, en el barrio de la Trinidad, puso el punto y final a estos días vinculados estrechamente a su pérdida. Chiquito descansa definitivamente en los brazos del buen Dios. Como otros tantos difuntos que ya nos dejaron e imprimieron en nosotros un recuerdo inolvidable por su bondad.

¡Ay la bondad! Virtud necesaria en nuestros días y que descubrimos en el artista malagueño. Por unas horas, la atención se ha centrado en este buen hombre y hemos podido respirar apartando los temas que protagonizan el día a día.

La bondad es fuerza potente y transformadora para nuestro tiempo. Y quizá por ello nos hayamos agarrado a la bondad de Chiquito de la Calzada para salir del hastío en el que sumerge los constantes conflictos sociales y políticos. Ha sido providencial su fallecimiento en este momento: hemos descubierto que hay gentes que unen a todo un país gracias a la bondad y la alegría que despiertan en nuestros corazones. La bondad nos ayuda a sobrevivir. A Chiquito el tiempo lo ha llevado justo donde debe estar: al corazón, memoria y lenguaje de los españoles. La bondad del corazón es el gran legado de este buen tipo. Nada supera a la auténtica bondad. Los buenos, sin más, hacen buena la vida. Y a los hombres y mujeres. En nuestra cainita sociedad pongamos una pizca de bondad. España entera respirará más honda, más limpia.

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