La cerca metálica

Es una auténtica pesadez conocer que don Torra se siente invadido por los españoles desde 1714, que considera la lengua española una imposición extranjera y que España es un compendio de todos los defectos y todos los males

JOAQUÍN L. RAMÍREZ

Da grima pensar que la serie-culebrón del lazo amarillo no sólo no termina, sino que 'producción' apuesta por una nueva temporada. Las pretensiones sobre Navarra por un lado y la personalísima participación de otro independentista recalcitrante en Cataluña por otro. Es como un prurito replicador, un virus que hace reaccionar a la búsqueda de fórmulas contrarias a la razón y a la mayoría. El desafío es siempre el mismo, conseguir tornar en mayoritarios peregrinos e insólitos pensamientos, planteamientos y posturas, que convertirán en indeseable a más de la mitad de la sociedad. Aún antes de convencer a nadie consiguen que envenenados eslóganes y consignas campen por su respeto y más tarde reinen en bares y reuniones. Después, ganar y ganar adeptos ya es coser y cantar. Todo les vale, imaginarias injusticias históricas, situaciones magnificadas a escándalo, verdades a medias... lo que sea para prender.

¿Qué nos pasa? Somos uno de los países más importantes del mundo, incardinado en la Unión Europea, con unos presupuestos sociales superiores a la mitad del monto total, año tras año. Una nación dotada de una constitución democrática homologada y una comunidad en pleno crecimiento económico y social. Un estado que mantiene y garantiza una plena estabilidad social con unas cuentas que han venido a superar la crisis más grave de las conocidas y cuya hoja de ruta se caracteriza por mostrar con descaro más crecimiento, más empleo, mayores oportunidades y una vociferante consolidación al alza. Parece realmente chocante que en medio de este proceso tan estimulante los conflictos sean los falsos protagonistas de la actualidad acentuados, divulgados y exagerados, desesperadamente.

La tolerancia, la paciencia, el respeto a la democracia y el acatamiento de la ley con todas sus garantías, son los obligados resortes de funcionamiento y convivencia. Sin embargo, es inevitable que los Quim Torra de la vida aparezcan como auténticas reencarnaciones de otros personajes que en tiempos también nos frecuentaron. Son los eternos actores de la vuelta a empezar, esos que con osadía, imprudencia y ceguera, harán por complicar la razón y la convivencia para fracasar por completo y hacernos fracasar a todos, aunque sea sólo un poco.

Aburre pensar que este señor, presunto candidato designado con dedazo desde Berlín, promete poner un inmenso y ridículo lazo amarillo en la fachada del Palau de la Generalitat. Es horriblemente cansino saber que don Quim existe hace mucho, que es supremacista y que también hace mucho que lo escribe y lo dice allá donde puede. Es una auténtica pesadez conocer que don Torra se siente invadido por los españoles desde 1714, que considera a la lengua española como una imposición extranjera y que manifiesta siempre que puede, y hasta hay quien quiere escucharle, que España y los españoles son un compendio de todos los defectos y todos los males. El señor Quim Torra, probable presidente en horas, afirma -qué soporífero- que levantará una cerca metálica con el resto del territorio español, que iniciará un período constituyente de la república que nunca existió y que también creará una comisión de investigación de la aplicación del artículo 155 de la Constitución. El candidato Torra, ciudadano títere del prófugo de la justicia -señor Puigdemont-, quiere ser otra piedrecita en el zapato de España, una aspiración realmente viable, aunque de temporalidad limitada.

A estas alturas, la defensa de la Constitución, de nuestra integridad territorial, de la cohesión social y de la ley, no sólo son la democracia, sino la confirmación mayoritaria del propósito nacional más que milenario inasequible e inevitable. Hay que estar a lo inmediato pero hay que mirar con perspectiva, un pino gordo y viejo a medio metro de distancia del observador se lo tapa todo, pero el inmenso pinar está detrás y, si miramos bien, nada podrá convencernos de la inviabilidad de ese bosque sano, que produce oxígeno y aporta equilibrio, salud y futuro.

Don Joaquim Torra, ciudadano independentista de aria actitud, es el nuevo estelar protagonista de los días y las horas. El 'nou president per delegació' promete aplicar todos y cada uno de los puntos del descalabrado proyecto independentista de su jefe Puigdemont. Con todo respeto, en aplicación de la Constitución y la ley y en nombre de España, de su realidad y su historia, los españoles volveremos a ganar el futuro, pues no nos vencerá ni siquiera el aburrimiento.

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