Centralismo

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

La memoria colectiva es más excepción que regla. Lo que suele existir es la suma de memorias individuales. Sólo los muy inteligentes son capaces de aprender sobre la experiencia ajena, y por eso hay errores que se repiten cíclicamente a lo largo de la historia.

Las estafas piramidales como la que llevó a la ruina a millones de ahorradores de todo el mundo no fue un invento de Bernard Madoff, del mismo modo que la de Fórum Filatélico tampoco fue producto de una innovadora mente criminal. Fueron versiones nuevas de viejos trucos que pudieron funcionar simplemente porque lo que había sucedido décadas atrás ya no estaba en la memoria colectiva.

En política suele haber promesas que se repiten periódicamente y que pueden tener cierta acogida en el público más proclive a la amnesia o en los ciudadanos noveles, pero que no resisten la visita más fugaz a una hemeroteca. Si dentro de 30 años algún dirigente lanza la idea de un tren para conectar Marbella a la red ferroviaria es probable que el público lo reciba con esperanza y optimismo.

Esta semana, el presidente del PP andaluz, Juanma Moreno Bonilla, ha asegurado que si llega a la presidencia de la Junta celebrará periódicamente en Málaga reuniones del Consejo de Gobierno. Posiblemente creyera que estaba lanzando una propuesta novedosa, pero alguien debería decirle que esa idea, con diferentes matices, ya ha sido puesta sobre la mesa por quienes lo antecedieron en el pantanoso fango de las promesas, y que nunca se concretó posiblemente porque no tenga sentido más allá de lo simbólico.

Aunque la propuesta de Moreno Bonilla ha tenido el mérito innegable de levantar urticaria en el sevillanismo más rancio -ante cuya reacción no merece otra cosa que solidaridad-, sus asesores deberían saber que no se trata de una idea novedosa. Cuando accedió a la Presidencia de la Junta, José Antonio Griñán anunció que tendría despacho en Málaga. Nunca se supo si la oficina llegó a abrirse, pero de haber sido así debe haber acumulado polvo y telarañas. También existió la promesa de trasladar a Málaga la Consejería de Turismo, iniciativa que quedó en el olvido tan pronto como se empezaron a hacer cuentas de lo que supone un traslado y se abrió la veda para la subasta de peticiones: la de Agricultura a Almería, la de Justicia a Granada, la de Medio Ambiente a Huelva, y así.

Identificar el centralismo como uno de los grandes males de la autonomía andaluza es un buen comienzo. Así lo confirma la urticaria casposa que ha provocado. Pero suponer que la solución es cambiar el lugar donde se adoptan las decisiones es de una simpleza sorprendente. Hay que trabajarla un poquito más.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos