No es casualidad

INÉS ROBLEDO AGUIRRE

Suele ser normal que, en determinados acontecimientos y situaciones en nuestra vida, la primera intuición nos lleve a la certeza de que algo ha ocurrido en nuestra mente. Has leído, has oído, has vivido en varias circunstancias, alguna referencia a ese pensamiento que te acompaña y es lógico que quieras profundizar en ello hasta dar con la respuesta.

Hace un año, paseando por el Muelle Uno, me recreé en la maravillosa realidad que se había convertido nuestro Puerto. Tenemos como orgullo ese rincón para disfrute de propios y visitantes.

Por eso considero ahora que no es casualidad que yo, después de casi un año, y con mucho interés escribí un artículo que titulé: 'La capilla del Muelle Uno'. Recibí aprobación de muchos malagueños de sensibilidad a nuestras raíces y tradiciones por la falta de apertura de esa capilla que sigue cerrada, y que por lo tanto no se pueda contemplar su interior. Muchos se preguntan qué motivo puede haber para tener en olvido ese rincón, tan bonito y tan bien acompañado por la variedad conseguida con el enclave del Museo Pompidou, restaurantes, tiendas y por el espectáculo del desembarco continuo. Sus transeúntes, suele ser gente educada, que pasean con respeto por todo el recinto.

La historia de su traslado es también acicate para ponerla en valor. En el siglo XX esta ermita se iba deteriorando, hasta que un grupo de malagueños e instituciones, como el Club Mediterráneo, el concurso del Obispado y otras entidades, procedieron a reparar los destrozos que tanto el tiempo como la desidia del hombre habían producido en la pequeña capilla.

No es casualidad -como digo más arriba- que, en estos días, con motivo de los 200 años de la construcción de nuestra Farola, haya asistido a dos conferencias magistrales impartidas por Francisco Cabrera, donde descubrí la trayectoria del Puerto.

Destacó, en sus diapositivas, alguna que otra lámina de la capilla a la que me refiero, y entonces recordé el deseo que me habían manifestado muchas personas de volver a visitarla.

El puerto de Málaga contaba, desde el año 1732, con una capilla. Estaba situada en el dique de levante. Aquellos hombres de mar, antes de salir a faenar, imploraban y rezaban a su Virgen del Carmen que estaba entronizada en la capilla, y bajo su amparo pasaban muchas horas entre olas y tempestades. Por eso en nuestro puerto se puede confirmar que desde hace siglos la existencia de la capilla es un referente.

Existe otra historia, que da respuesta al deseo de ser abierta: En el año 1975 se produce el traslado a lo que es el emplazamiento actual. Fue gracias a la iniciativa del arquitecto Enrique Atencia. Él era consciente de que éste era un espacio con un valor arquitectónico y religioso que merecía todas las horas de trabajo y cuidado que fueran necesarias. Se trasladó piedra a piedra, para que no sufriera deterioro.

Tampoco me parece casualidad que, en estos días, en dos cadenas de televisión local hayan abundado en retransmitir las procesiones en distintos lugares de la provincia como un anticipo del día de Nuestra Señora del Carmen. La Asociación de los Submarinistas, que tiene por Patrona a Nuestra Señora del Carmen, también están preparando ese día grande para rescatar a la Virgen del mar, y pasearla por su recorrido establecido.

Tampoco es causalidad el empeño de poder abrir la capilla. Con el interés e ilusión de muchos, volvería a ser un edificio en el que se podría acudir a visitar este lugar tan emblemático.

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