Casos aislados

Separar, y digo separar sin remilgos, a esos alumnos disruptivos, antes llamados conflictivos, porque perturban y contagian al resto del grupo con su mala educación y su despotismo a ultranza

Recientemente se ha publicado una demoledora encuesta/estadística del CSIF en la que nueve de cada diez profesores/as ha presenciado algún episodio de violencia en las aulas. Yo añadiría, para ser más condescendiente, que pudiera ser de una forma indirecta, al menos.

Es incuestionable que en muchos casos la situación resulta insostenible, incluso en muchos centros que históricamente se consideraban 'buenos', los cuales eran solicitados en primer lugar a través del concurso de traslados. Imagínense el ambiente de crispación que se ha de vivir diariamente en los que tradicionalmente se consideraban institutos o colegios 'malos'. Yo invitaría a que algún representante de la administración pública compruebe 'in situ' la caótica situación que se vislumbra en algunos/muchos centros, entrando al aula y permaneciendo toda la hora, y que no traten de solventar este grave problema desde un despacho aislado de la realidad, a kilómetros de distancia. No dudo que no se trabaje arduamente la cuestión, pero me temo que tanto papeleo termina convirtiéndose en papel mojado. La burocracia nos engulle como un agujero negro sin ayudarnos lo más mínimo. Muchos padres/madres tampoco ayudan demasiado, todo lo contrario, entorpecen la tarea porque habría que empezar por educar a esas madres que llegan al centro gritando o amenazando (de tal palo tal astilla), o a esos padres que ni siquiera conocen el centro donde estudia su hijo. No se preocupen, señores de la Administración, este drama no hay que cargárselo sólo a ustedes, porque evidentemente no son responsables de ello, así que dejen de escurrir el bulto y de limpiar estadísticas porque todo ello contribuye a enquistar esta endémica situación: ya son demasiados casos aislados.

El problema se nos escapa a todos de las manos, empezando por la misma Junta y el Gobierno central, por lo tanto no se puede responsabilizar a nadie en concreto. Culpables somos todos, pero quizás donde menos resida esa funesta culpabilidad sea en el docente mismo que se ve absolutamente desprotegido ante esa selva errática de adolescentes malcriados y consentidos, sin aspiraciones ni motivaciones, que todo lo quieren 'ya y ahora', indisciplinados y maleducados, cuyo único divertimento es chatear, reír y divertirse, en muchas ocasiones de manera insana y tóxica. Los dirigentes se pasan unos a otros la patata caliente y ya solo me queda por pensar que la causa de tanto desvarío sea el calentamiento global o el cambio climático, que no es lo mismo. Ya nos llegaban destellos hace muchos años de los conflictivos centros americanos o ingleses, en los que había vigilantes de seguridad y detectores de metales a la entrada. No se preocupen todo se andará, si no se pone remedio a esta crítica situación.

Para empezar 'las ratios' apabullan en los primeros cursos de la ESO al llegar al instituto, es imposible trabajar con tanto crío indisciplinado. Sí, claro, no los motivamos. Hay compañeros que se les va media clase intentando poner orden y que guarden al menos la compostura. La otra media se va en un santiamén mientras uno llama la atención a esos casos renqueantes, 'aislados', que siguen incordiando, y que terminan contagiando su deplorable comportamiento al resto que ya estaba listo para trabajar y aprender. Es que no se usan buenos métodos para incentivarlos. Perfecto: explicaremos y transmitiremos las unidades por wasap. Es que un niño tiene que jugar y divertirse. OK: que pongan dos o tres recreos. El caso es que dejen ya de poner pegas y tantos impedimentos o se cargarán entre todos las enseñanza pública, entre tanto chauvinismo, esnobismo, nacionalismo, progresismo, derechismo e izquierdismo absurdos.

Urge que se ponga todo el mundo manos a la obra o esto se va al carajo (perdón por la expresión, por muy realista que sea). Disminuir, drásticamente, las ratios para empezar. Adaptar los libros de texto al nivel real del alumnado. Actualizar y reparar los recursos digitales. Educadores alternativos que transmitan normas básicas de comportamiento, quizás no haga falta tanta religión ni tanta ciudadanía, que no ayudan a resolver el conflicto. Se necesitan 'pigmaliones' que enseñen, incluso a los padres y madres, a hablar con educación, sin gritar, a esperar el turno de palabra, a no mascar chicle en clase, a no usar el móvil, ni levantarse sin permiso, ni hablar continuamente; volver a decir buenos días y solicitar permiso para entrar, atender al profesor, respetar al compañero y al docente especialmente. Retornar a la disciplina y al trabajo como método de vida, si quiere usted con todos los alicientes que se nos pongan por delante. Separar, y digo separar sin remilgos, a esos alumnos disruptivos, antes llamados conflictivos, porque perturban y contagian al resto del grupo con su mala educación, su altanería y su despotismo a ultranza, seguramente aprendido de sus padres o, al menos, consentido y tolerado.

Es preciso un cambio, no ya de sistema educativo que llega cada cierto tiempo, según gane el partido que gane, dejando su impronta y tufo políticos, ya hemos comprobado que todo es más de lo mismo. Es preciso trabajar desde las raíces y abonar ese árbol cuando está creciendo: respeto, trabajo y disciplina. Si partimos de estas premisas se podrá.

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