Calle Ancha

Casino cultural en el Paseo de la Alameda

FRANCISCO MOYANO

SI yo tuviese la costumbre de usar sombrero, no dudaría en quitármelo, como señal de respeto y admiración, ante la Directiva actual de la 'Sociedad Recreativa y Cultural Casino de Marbella' por el giro que ha experimentado la institución hacia el fomento de la cultura. Pedro Santamera como presidente, junto a Carlos Díaz Ballesta en la vicepresidencia, coordina a un grupo de socios empeñados en la transformación de una institución casi centenaria. Y lo están consiguiendo. La prolífica actividad cultural desplegada por el Casino este verano, posiblemente no sea objeto de noticia en los medios de comunicación, pero no por ello menos importante. Congratula poder hablar de cultura en un verano en el que los periodistas no han podido bajar la guardia porque frecuentemente (con empecinamiento en los viernes) han saltado noticias polémicas: el enfado de Starlite con el Ayuntamiento; la renovación de la zona azul con el enfrentamiento entre Podemos e IU, asegurando CSSP que ello tendría consecuencias para el tripartito; boca de cabra, porque los ediles de OSP, desconociendo la máxima del derecho de «pacta sunt servanda» («los pactos obligan»), rompieron con nocturnidad (nada se sabe de alevosía) el pacto con PSOE e IU de solo unos días antes. De esta forma, como ya ocurrió en 2015, la parte (San Pedro) condiciona el todo (Marbella). Fue precisamente el diecinueve de octubre de 1920, festividad de San Pedro de Alcántara, cuando quedó constituida oficialmente la 'Sociedad Recreativa y Cultural Casino de Marbella' iniciativa del capitán de la compañía de carabineros, destinada en la ciudad, Enrique del Castillo Pez, que había llegado en el mes de mayo de ese año. A pesar de que solo permaneció en el cargo dos años (siendo trasladado a Fuengirola), dejó en Marbella una huella profunda que le fue tempranamente reconocida con el nombramiento de Hijo Adoptivo y la imposición de su nombre a una céntrica calle, denominación que sigue ostentando. La primera junta directiva estuvo presidida por Enrique del Castillo y la formaban Rodrigo Fernández, notario; José Domínguez, administrador del Hospital; Cristóbal de Luna, bancario; Eugenio Lima, hacendado; Manuel Zea, médico; Francisco Ramos, registrador de la propiedad; Juan Robledano, químico de la colonia de San Pedro; Antonio Carrasco, secretario del juzgado; Manuel Martín, industrial y Francisco Fernández, propietario. A pesar de múltiples contrariedades, especialmente durante el periodo de la Guerra Civil, el Casino, situado de manera privilegiada a poniente del Paseo de la Alameda, se ha mantenido ininterrumpidamente hasta la actualidad, a tres años de cumplir los cien. En 2003, siendo presidente Antonio Ric, recibió la Medalla de Oro de la Ciudad. En el expediente de concesión hice constar el acto de justicia que significaba ese reconocimiento, pero, al tiempo, reclamaba que se cumpliese con la Constitución y las mujeres pudieran formar parte de la sociedad con plenos derechos. Afortunadamente hoy día es una realidad. Después del Ayuntamiento, el Casino de Marbella es la institución más longeva de la ciudad. Fue lugar de encuentro durante décadas y centro neurálgico de muchos veranos, con la organización de fiestas y bailes. Pero siempre tuvo imagen de tratarse de un club reservado, vedado a algunas clases sociales; progresivamente se ha producido el cambio y, aunque siempre tuvo cierta vertiente cultural (por ejemplo, una de las primeras exposiciones del pintor Antonio Montiel), ha sido en los últimos tiempos cuando se aprecia el justo equilibrio entre recreativo y cultural. Con motivo de la Feria del Libro, se ha transformado, ante la lejanía del Cortijo de Miraflores destinado a los actos de la feria, en punto de encuentro ideal para recitales poéticos y presentaciones de libros. De paso se han roto tópicos y alguien calificaba como 'revolucionario' que, con motivo de la presentación del libro 'Marbepop. Historia Gráfica de la Música Pop en Marbella', de Miguel Rodríguez, Chachi Machuca y José Luis Gutiérrez, más de cien 'viejos rockeros' (esos que 'nunca mueren') abarrotasen el salón del Casino. La institución ha dejado de ser tan conservadora y muchos han desechados los prejuicios, generalmente poco edificantes. Un nuevo centro cultural ha surgido. Seguramente, en los tiempos venideros, encontrarse en el casino formará parte de sanos encuentros con la cultura. Me quito el sombrero. Figuradamente.

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