Cartelería y belleza

Rafael J. Pérez
RAFAEL J. PÉREZMálaga

La Cofradía de Estudiantes de Málaga ha presentado el cartel anunciador de su próxima salida procesional el Lunes Santo. Una obra que firma el arquitecto y experto en diseño gráfico José Oyarzábal. La impactante imagen evoca una corona de espinos bajo una superficie roja.

Sobre la cartelería se puede decir y escribir mucho. Y como dicen, para gustos colores. En esta ocasión, el rojo. Múltiples carteles buscan anunciar salidas procesionales. Pero, como en botica, hay de todo. Todos con buena intención y sin faltar a la cita pero no siempre con el acierto, profesionalidad o estética propia del acontecimiento que buscan anunciar: el culto público a unos sagrados titulares.

Alegra que un experto en diseño gráfico realice un cartel. La cartelería se deslizó peligrosamente por la vertiente del cuadro o la fotografía, artes preciosas y preciadas pero que por la sobreexposición o escasez de valor artístico llegaron a empobrecer la elaboración del arte de la cartelería. Es un acierto que los diseñadores gráficos tomen posiciones. Y que, al igual que en otras citas del calendario como la del Festival de Cine de Málaga, sean estos los que se ocupen de anunciar visualmente lo que deseamos que se conozca.

Como Oyarzábal afirma, estamos ante una «apuesta por abrir nuevos caminos en el terreno de la comunicación visual de las actividades cofradieras». En la sociedad de la postverdad Oyarzábal ha querido usar el cartel como un vehículo de emoción. Y esto está bien. Porque las emociones conducen a la adhesión o al desprecio. Y el autor ha buscado emocionar para vincular.

El cartel de Estudiantes será objeto de todo tipo de análisis. Y aquí dejamos uno. Y una propuesta: que se transiten caminos, como en décadas pasadas, de la mano de los diseñadores y personas de fe para anunciar la Semanas Santa. Profesionales que sepan preguntarse qué es eso de la belleza. Ese misterioso equilibrio de las cosas que te produce un desconocido escalofrío interior. Porque la belleza es misterio en estado puro. Se nos escapa. Nos supera. Va más allá. Así de extraña, lúcida y sorprendente puede llegar a ser la belleza. Y todo aquello que tiene su sabor y unción. Sospechemos de los cutres, de los que ofrecen bellezas fáciles; cuando se descubre la belleza en estado puro se abandona lo accesorio para vivir en lo esencial. Y es que la belleza plenifica la vida entera; la eterniza, haciéndola divina.

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