Carta a los Reyes

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Para empezar, majestades, sin duda, son ustedes magos. Aguantar siglos y siglos a los hombres y mujeres de esta tierra repleta de todo tipo de majarones, y sálvese el que pueda, tiene su mérito. Ahora nos ha dado por organizar cabalgatas de todo tipo sin que tengan nada que ver con ustedes, y encima disfrutamos con necias discusiones bizantinas sin que alguien en medio del lío piense en los verdaderos protagonistas de la noche de ayer y el día de hoy, los niños, angelitos todos, que ajenos a las disputas, discusiones y chorradas varias, siguen creyendo a pie juntillas en ustedes. Por eso son doblemente magos. Hay quienes no se han enterado todavía y les siguen pidiendo cosas materiales, como dinero y esas cosas, sin darse cuenta de que lo que más y mejor nos pueden ofrecer es salud, alegría, bienestar y armonía. Pero no, aquí o se quiere hacer una demostración de su sexualidad (¿alguien cree que algún niño a través de los tiempos ha pensado si un rey es de tal o cual sexo?), o a través de sus coronadas cabezas jugar a la política, como si a cualquier zagal del mundo le importara si un rey u otro es del PP, de Ciudadanos, de Podemos o del PSOE (que de Izquierda Unida, ya se sabe, como salga Garzón, los manda al exilio... y eso ya no es lo mismo), o simplemente utilizar su tradición y peso social para meterle el dedo en el ojo al adversario político. Yo, majestades, que tuve la suerte allá en los 80, de ser Melchor por las calles de Málaga, desde aquel día estoy convencido de que existen, que son de verdad, que nadie, ni nada, se llame o apellide como quiera, podrán con lo que son y lo que significan. Los niños de aquella tarde de los 80, con mucha menos parafernalia que ahora, seguramente son hoy padres que llevaron ayer a sus hijos a nuestras calles para verlos, a ustedes, los Reyes Magos de Oriente, y sean o piensen lo que sea ahora, nunca dejarán de ser los niños de aquel 5 de enero de hace más de 30 años, aquellos ojos ilusionados que traspasaban los confines del infinito y que aquel humilde Melchor pudo disfrutar como pocas veces antes en su vida. Jugar con esos ojos 'como platos', con esas almas limpias, sólo por hacerse notar o por joder al contrario no tiene perdón de dios. Por eso, Majestades de Oriente, lleguen pronto por estos lares y ayuden a centrar las cabecitas locas que han decidido utilizarlos para de una forma u otra buscar un voto o una simpatía política. Se olvidan de que ustedes son magos, pero de verdad. Si no, sería imposible que 2018 años después sigan siendo los verdaderos protagonistas de las almas limpias de los que no conocen el mal: los niños. Bienvenido sean, no os pedimos dinero, con salud y felicidad basta a nivel individual, y para Málaga, algunas cosillas, como que se termine el metro, que se 'cierre' de una vez por todas el cauce del Guadalmedina, que siga bajando el paro y que tengamos la fiesta en paz...

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