Carta abierta a mi contacto de whatsapp

FRANCISCO APAOLAZA

Estimado contacto de Whatsapp. De todas las cosas que me ha dado la tecnología, este chorreo lastimante de envíos es de las más prescindibles. No necesito el vídeo del mono con la metralleta, ni el de la puesta de sol en La Concha, ni la monería del pollito, menos aún la del gato. Puedo vivir sin el humor de serie, ni el atropello del chino, ni la borrachera del ruso, ni el burro al que levanta el peso de su carro, ni toda esa ametralladora de sorpresa cansada. Tampoco necesito ver al tipo explotando, al que le atropella el tren. Hace tiempo que cubrí el cupo de charcos de sangre.

Estoy empezando a no encontrarle la gracia a las bromas. Me lo paso bien solo y reivindico el derecho a aburrirme y al silencio. Ya no me ponen tierno ni las señoras desnudas que me mandas. En lo que me quede de vida pienso abandonar casi toda certeza, así que no me envíes más memes simplificando el mundo, ni más análisis obscenos, proclamas totalitarias, xenófobas, filofascistas, ni todas esas noticias y últimas verdades «que nunca leerás en los grandes medios» donde naturalmente no aparecen porque son mentira. Puedes ahorrar tus energías en hacerme creer que los inmigrantes chupan de la teta de España, los niños refugiados son los suicidas del mañana, todos los políticos son ladrones; los musulmanes, unos terroristas; los catalanes, tontos. Y no: en España hay cuatro millones de coches oficiales. Te confieso que cada invitación a no comprar producto catalán me empuja a salir de noche a una tienda 24 horas y llevarme dos palés de cava. A los perros de Mónica los adoptaron en 2006.

Si compartimos un grupo de la infancia, te eximo de la carga de enviar constantemente fotos, vídeos. No hace falta discutir de todo ni abrir cada jueves un debate sobre Proudhon y la anarquía. No me importa lo que pienses de la anarquía. Si hemos estado 25 años sin vernos es porque quizás no teníamos nada que decirnos.

No quiero que te vayas, solo que ignoremos un poco el uno al otro. No quiero ser parte de tu rutina de reenviar. Para mí eres más que el eco de otros, o no, pero eso no va a cambiar porque me mandes cosas. Puedes no escribirme; si ya te quiero, te voy a querer igual. Desaparece sin culpa y de pronto un día dentro de veinte o treinta años, si te acuerdas de mí, cuéntame que has sido abuelo, que has metido un gol o que ha llegado la primavera a tu barrio. Dime «Hola, hoy hace sol» y calla lo demás.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos