Vienen curvas

Carnet de padres

Ana Barreales
ANA BARREALES

Oyendo hablar a algunos padres de la 'crianza respetuosa' no puedo evitar tener la sensación de que ante lo que la mayoría llamamos 'educar a los hijos' ellos remarcan la palabra 'crianza' como si lo que hacemos los demás fuera algo distinto e infinitamente inferior. Padres deshumanizados y salvajes, que les llevamos al colegio o a la guardería sin miramientos y les dejamos encerrados entre cuatro paredes en lugar de estar en casa, sin trabajar, jugando con ellos y dejándoles que salten en el sofá hasta que desplieguen toda su energía.

Y no es un movimiento de dos o tres personas. De los más de 51.000 niños que hay en Málaga entre cero y seis años -periodo en que la escolarización no es obligatoria-, casi 4.000 no van al colegio. En algunos casos por decisión consciente y meditada, como explicaba una madre partidaria de esto, que defiende un sistema en el que el niño lo decide todo: «cuándo deja de mamar, de dormir con sus padres o de utilizar el pañal». Otro testimonio más llamativo es el de una maestra de Infantil que confiesa que cuando se quedó embarazada le empezó a agobiar la idea de llevar a su hija al colegio porque el sistema es arcaico y obsoleto. Pura vocación, vaya.

Lo que sorprende no es la decisión de no llevarlos al colegio en los primeros años, más o menos cuestionable, sino los argumentos en los que se basan para actuar así, como si fuera algo perjudicial, que poco menos que nos dejan al resto como si en lugar de a la escuela los mandáramos a un campo de concentración. Hablan de los niños encerrados en un aula de cemento en lugar de estar rodeados de tierra y árboles, como si fuera una tortura, como si no hubiera recreo y como si los críos fueran allí a sufrir en lugar de a aprender, a jugar, a socializarse y a acostumbrarse a no ser el centro de atención del universo.

Seguro que un niño puede llegar con los conocimientos necesarios a Primaria, aunque sea un poco menos sociable, pero esos padres tan permisivos le privan de lo más importante: Estar con otros niños que sí van al colegio. Y pocas cosas les sientan peor que sentirse diferentes.

Qué tiempos aquellos en que cuando aparecían amish en una película americana resultaban algo excéntrico y lejano. Ahora cada vez veo más conexiones con ese tipo de movimientos de gente que tiende a aislarse y a volver al pasado.

Desde que nacemos hay un montón de cosas que nos enseñan y otras que las vamos aprendiendo por observación o como podemos, como ser padres, porque para eso ni hay carnet, ni nos sancionan cuando nos equivocamos, así que cada uno educa como puede. Quizá nuestra crianza podría haber sido más respetuosa en algunos aspectos, pero sin pasarse al lado contrario y hacer un drama, porque, como me decía el otro día una compañera cuando hablábamos de esto: tan mal no hemos salido.

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