Carmen Forcadell de España

José Antonio Trujillo
JOSÉ ANTONIO TRUJILLOMálaga

Carmen es Forcadell en Barcelona y de España en Madrid. El nacionalismo no es otra cosa que una demostración de fuerza en campo propio y de cobardía en el ajeno. Es un vivo sin vivir en mí, que muere porque no muere. Los valientes tienen siete vidas que gastan en lo heroico de su día a día, y los independentistas ganan a los felinos en tripas y vidas por estrenar.

Esta semana en el Tribunal Supremo se ha escrito la otra crónica de la España que la política secuestró. Con la urgencia del inicio de la campaña electoral de unas elecciones que el bloque constitucionalista ya da por perdidas, la libertad para Carmen 'niunpasoatrás' Forcadell tenía el precio simbólico de ciento cincuenta mil euros y una noche en Alcalá Meco. El relato de uno de los investigados por este alto tribunal, Juan José Nuet, secretario tercero de la Mesa del Parlament, describe el ambiente en el que se produjo la declaración de los investigados por los delitos de rebelión, sedición y malversación que permitieron que el Parlamento catalán tramitara la declaración de independencia. Afirmó en declaraciones a Rac1 que el magistrado dio «muestras evidentes de que quería desescalar judicialmente lo que estaba pasando» y aseguró a los miembros de la Mesa al empezar a tomarle declaración: «Esto no es la Audiencia Nacional».

Pasadas las dos de la tarde del viernes, y cuando ya ni el frío daba miedo, la expresidenta del Parlament se subía a su coche oficial de alta gama plateado, acompañada por la escolta que todos sufragamos despidiéndonos con un hasta siempre. La Asamblea Nacional Catalana depositaba su fianza y tapaba su vergonzante declaración del día anterior donde renegaba del 'procés', de la unilateralidad y del 1-O. Junto al resto de los querellados no dudó en otorgar un carácter meramente «simbólico» y «político», sin efectos jurídicos reales, a la declaración que se hizo de independencia en el Parlament. Pareciera que entre todos los investigados no dieran juntos ni para un Boabdil en sus horas más bajas.

Los españoles conocemos de primera mano lo que los políticos secesionistas realizaron de forma deliberada y continuada en las últimas semanas, y no hay verdad jurídica ni procesal que pueda reescribir la realidad vivida. Nadie entra en el juzgado siendo secesionista y sale repartiendo constituciones españolas por las esquinas.

Es más lesivo para nuestra democracia que los políticos sigan tratándonos como ciudadanos inmaduros que doña Carmen Forcadell quiera ir a 'Cámbiame' y la transforme Pelayo.

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