Carlos Fernández no canta el tango

Carlos Fernández no canta el tango

Las letras de la música que más identifica a los argentinos suelen hablar de fracasos y desengaños. Muy lejos de cómo se va resolviendo el periplo de Carlos Fernández en el país austral

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

EL tango y la milonga identifican desde hace años a la cultura argentina, pero son dos géneros que transmiten sentimientos opuestos. Mientras el primero cuenta historias de sinceros fracasos y desencantos, la segunda ha quedado asociada, coloquialmente, a lo que hoy podríamos llamar postverdades. No se sabe si en todo el tiempo que lleva en el país austral, Carlos Fernández ha tenido interés en profundizar en esos matices de la cultura local. Es probable que haya dedicado más horas a reflexionar sobre su decisión de huir y en preguntarse si acertó al hacerlo. Y es probable también que en las últimas horas haya llegado a la conclusión que posiblemente haya acertado.

Frente a la suerte corrida por su compañeros, que llevan diez años entre los banquillos y la prisión, muchos de ellos con sus proyectos vitales definitivamente destruidos, Fernández ha pasado ese mismo tiempo construyéndose una nueva vida. Durante el tiempo en el que no se supo nada de él consiguió insertarse en la élite social de una provincia argentina alejada de los grandes centros de atención mediática del país austral, formar una familia y hasta dedicarse al asesoramiento de políticos locales rentabilizando la estrategia intuitiva que ya había aplicado a muy corta edad primero para formar parte del equipo de Jesús Gil, después para convertirse en un grano en la corte del gilismo y más tarde para formar parte del diseño de la moción de censura que apartó del poder a Julián Muñoz.

Ahora, tres meses y medio después de su detención, el panorama que se le abre le dibuja un paisaje no del todo malo. Su apuesta era que el tiempo jugara a su favor y así va siendo.

De las múltiples causas que tenía pendientes, incluyendo una sentencia firme, la justicia española sólo pudo pedir su extradición a Argentina por seis procesos que suponían la posible comisión de nueve delitos. De haber sido extraditado por todos ellos y posteriomente condenado, a Fernández se le hubiera presentado un porvenir penitenciario similar al de los otros principales protagonistas de los años de la corrupción en Marbella.

Como el tratado de colaboración judicial entre Argentina y España establece que las extradiciones sólo se pueden conceder en aquellos casos en el que la responsabilidad penal no se encuentra extinguida en ninguno de los dos países, en la audiencia judicial celebrada durante esta semana en el Juzgado Federal número 2 de la provincia de San Juan lo que se ha dilucidado es si las causas están prescritas según la legislación argentina. Y ahí ha habido buenas noticias para Fernández. Para la mayor parte de las acusaciones ya ha transcurrido suficiente tiempo, y algunas figuras jurídicas, como el delito contra la ordenación del territorio, no tienen una traducción clara en la legislación del país austral.

Así fue como en cinco de estos procesos la responsabilidad penal se ha extinguido. Entre estos se encuentra el 'caso Malaya', el procedimiento que motivó la huida de Fernández en junio de 2006, por el que sus dos compañeros de grupo municipal, Pedro Pérez y María José Lanzat, purgaron pena de prisión y por el que Fernández ya no tendrá que responder.

El juez federal argentino sólo ha accedido a la petición de extradición cursada por el Gobierno español en un procedimiento, el conocido como 'caso Saqueo 2' y ni siquiera en este asunto la petición será satisfecha completamente. Fernández estaba acusado de falsedad documental y malversación de caudales públicos y solamente este último delito no está prescrito según la legislación argentina. La acusación fiscal por ese delito es de seis años y medio y esa la pena máxima a la que Fernández tendría que enfrentarse si finalmente es extraditado a España y posteriormente condenado. Pero ese sería el peor escenario para los intereses del exedil, y no está tan claro que así vaya a suceder.

La sentencia del 'caso Saqueo 2' señala que no está probado que en los hechos 34 y 36 de la causa, por los que se implicó a Fernández en ese procedimiento y que se referían respectivamente a compra y posterior venta de las acciones del Atlético de Marbella y al cobro de emolumentos como concejales con dedicación plena con cargo a fondos de la sociedad municipal Eventos 2000, hayan supuesto un desvío de fondos públicos. Sobre este último aspecto, el tribunal sostiene en la sentencia que aunque el procedimiento utilizado para hacer efectivas las retribuciones no fuera el reglamentario, no se trata de pagos indebidos.

Así, en el caso de que Fernández sea finalmente extraditado a España para ser juzgado por ese único delito, lo más probable es que si el tribunal mantiene el mismo criterio que aplicó en la sentencia original el exconcejal sea finalmente absuelto y sus cuentas con la justicia queden saldadas.

Fernández pasó tres meses y medio encarcelado en una prisión, compartiendo módulo con militares responsables de crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura sufrida en Argentina. Sus abogados han recurrido ante la Corte Suprema, la máxima instancia judicial del país sudamericano, porque consideran que también ese único delito por el que se lo podría juzgar en España está prescrito. Sin embargo, ahora podrá esperar en libertad después de que el juez le impusiera una fianza y medidas cautelares para impedir una eventual huida que ya no le conviene.

Cuando el pasado 15 de septiembre se supo que Fernández había sido detenido en Argentina, la policía de ese país aseguró, en contraposición a lo que aseguraba la familia del exedil, que no había sido una entrega voluntaria, sino el fruto de una labor de inteligencia.

Pese a la tendencia habitual de dar mayor credibilidad a las fuentes oficiales, la Policía Federal Argentina tardó poco tiempo en desacreditar su propia versión. Primero, asegurando que el exconcejal se había sometido a operaciones de cirugía estética para modificar su aspecto, lo que resulta inverosímil observando qué imagen presenta Fernández en la actualidad, diferente a la que se conocía sólo por el paso del tiempo. Después, difundiendo fotografías de un detenido esposado por la espalda que no correspondían al exconcejal. Y finalmente, haciendo oídos sordos a repetidas peticiones para que dieran a conocer detalles de la operación.

Ahora, que se vislumbra que no cantará un tango lamentándose de lo que hizo, y más allá de la milonga con la que ha empezado a ejercer el legítimo derecho a defenderse, hay nuevos motivos para creer que en realidad fue una entrega planeada. Que el exconcejal aplicó sus dotes de estratega a un plan que posiblemente haya comenzado a diseñar hace 11 años, cuando supo que otra policía, la española, se había presentado en su casa de Marbella para detenerle.

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