Carencias sanitarias

Ángel Escalera
ÁNGEL ESCALERAMálaga

Una vez abierta una nueva etapa en la Consejería de Salud hay que cerrar las heridas de la sanidad pública de Málaga antes de que se gangrenen y haya que amputar. Ha habido un relevo de personas, pero eso no es tan importante como que haya un proyecto que regenere y sanee lo que ahora está al borde de la pudrición. Es mucho lo que hay pendiente por hacer y no caben más demoras ni medias tintas. La consejera Marina Álvarez debe tomar el timón y pilotar la nave que dé un impulso decidido a hospitales y centros de atención primaria malagueños. Como es cuantioso lo que se ha perdido, ya no hay más tiempo que perder. Echar balones fuera está bien para los defensas centrales que utilizan los pies con contundencia, pero aquí lo que hay que echar es cabeza. En primer lugar, hay que dotar a Málaga de un plan de choque para que todos los recursos disponibles funcionen al cien por cien. La segunda medida inaplazable es recuperar los empleos perdidos durante los años en que la tase de reposición fue cero por orden del Gobierno central, es decir, crear 2.250 puestos de trabajo en los centros sanitarios. En tercer lugar, y no por ello menos importante, es necesario un plan de inversiones en infraestructuras y equipamientos para paliar el déficit actual.

Es en ese apartado en el que tiene que incluirse la construcción de otro hospital del SAS en la capital, un centro que es imprescindible y que debe garantizar no solo las necesidades actuales de la población, sino las futuras. En su última comparecencia pública en Málaga como consejero, Aquilino Alonso aseguró que la propuesta que presente el grupo de expertos creado para definir cómo tiene que ser ese hospital y dónde hay que construirlo será vinculante, o sea, que la consejería lo respaldará y lo ejecutará. Que la sanidad pública andaluza esté dirigida ahora por Marina Álvarez no tiene por qué afectar en modo alguno a esa iniciativa. Lo contrario sería un paso atrás injustificable. Por tanto, si hace un mes se dijo que habría financiación para el nuevo hospital, que al que hizo esas manifestaciones lo hayan quitado del cargo, no debe repercutir de modo negativo en el proyecto. Los nombres son lo de menos, lo demás es que la sanidad pública malagueña reciba el empuje que necesita después de atravesar por un periodo oscuro en el que se han quedado por el camino profesionales de valía y en el que los pacientes han pagado las consecuencias de los recortes. La nueva consejera tiene ante sí la oportunidad de poner luz donde reinan las sombras.

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