¿Seremos capaces?

La Tribuna

Nuestro sistema educativo actual sigue basado, sobre todo, en la psicología evolutiva del niño que plantea Jean Piaget, famoso por sus aportes al estudio de la infancia y por su teoría constructivista del desarrollo de la inteligencia

El sistema educativo tiene que cambiar, o mejor dicho, está cambiando. Parece que cada vez estamos más cerca de ese pacto por la enseñanza tan aclamado por la sociedad y tan necesario para dar solución a los problemas que van surgiendo entre nuestros jóvenes.

Y es precisamente ahora cuando tenemos la necesidad de reflexionar profundamente sobre la situación actual de la enseñanza en nuestro país, no tanto para llegar a las conclusiones de un pacto común, sino para entender las verdaderas dificultades que existen y hacerlo con una amplia perspectiva para que este pacto sea realmente efectivo, ya que éste no será la solución si no nos posicionamos desde un mismo punto común.

Me muevo por distintos ámbitos educativos (privados, concertados, públicos, centros fuera de la enseñanza reglada, facultades...) y tengo amigos con los que poder discutir sobre el tema y que tienen diferentes maneras de ver la enseñanza actual. Así que podría afirmar que el menor de nuestros problemas será que haya un pacto o no por la enseñanza por parte de nuestros políticos.

El mundo educativo está fracturado desde lo más hondo. El gremio de profesionales de la enseñanza que nos dedicamos en cuerpo y alma no nos ponemos de acuerdo ni en el cómo ni en el dónde hacer que nuestros alumnos lleguen lo más lejos posible en su proceso de aprendizaje durante los años de escolarización.

Empezando por el dónde, podemos ver cómo desde un movimiento de mareas verdes se apuesta por una enseñanza pública y para todos como lugar correcto donde nuestros alumnos pueden aprender mejor. Por otro lado, colegios privados y concertados elaboran campañas de captación de alumnado ofreciendo todo tipo de posibilidades futuras a los padres y también apuestan por que en sus centros es donde mejor se aprende. Otras escuelas se rebelan contra el sistema reglado y ofrecen otras maneras de enseñar y donde el alumno estará mejor que en cualquier otra escuela porque no sigue las pautas que dictan los demás. Y en medio de todo esto, padres (y por consiguiente alumnos a los que nos debemos) totalmente perdidos con tantas indicaciones y flechas de dirección contrarias donde sus hijos estarán mejor. El dónde, por tanto, debería ser cualquiera de ellos por igual. En cualquiera de los lugares elegidos se debería entender que el alumno debe alcanzar el máximo de su potencial para el momento de integrarse como adulto a nuestra sociedad y poder ser un ciudadano resolutivo y competente para los tiempos que corran en esos momentos. Las familias, lógicamente, tendrán que elegir en función a las distintas motivaciones y situaciones personales, pero, no nos puede caber la duda que, elijan el centro que elijan, sus hijos tendrán la oportunidad de alcanzar todas sus metas. Debemos cambiar, de esta manera, la idea de que un alumno que estudie en la pública tendrá menos posibilidades que uno que lo haga en un concertado o privado, idea que hoy en día sigue en el pensamiento de muchas familias. Así pues, cualquiera de las escuelas existentes debería ser igualmente válida para nuestros alumnos.

Tampoco nos ponemos de acuerdo en el cómo. Y es, en este aspecto, donde se abre una brecha mayor entre los docentes. A poco que se lea o se investigue sobre las 'nuevas' líneas pedagógicas y de trabajo que están demandando nuestros alumnos y lo que los expertos están marcando en este sentido, podemos observar que hay estrategias pedagógicas distintas a las que se han seguido hasta ahora. Nuestro sistema educativo actual sigue basado, sobre todo, en la psicología evolutiva del niño que plantea Jean Piaget, famoso por sus aportes al estudio de la infancia y por su teoría constructivista del desarrollo de la inteligencia. Y es que tenemos que replantear las bases pedagógicas de los contenidos y temarios basados en ese estudio ya que nuestros alumnos de hoy día piensan distinto, procesan distinto, tienen distintas formas de comunicación y lo más importante, formas distintas de sentir y de vivir el colegio. El alumno aprende de otras maneras, usando estrategias más en consonancia con el tipo de estímulos que reciben desde que nacen que, por lógica, son distintos a los que recibía el niño a lo largo de su etapa infantil cuando se hicieron estas bases pedagógicas. Cuando nos pongamos de acuerdo en el fin último de nuestra misión con estos alumnos, cuando entendamos su manera de procesar la información que reciben y cómo son sus respuestas, en las metodologías a usar en función de sus necesidades reales o los objetivos a conseguir con ellos, sólo entonces podremos empezar a plantearnos que ese acuerdo político por la enseñanza pueda ser efectivo. De lo contrario cada uno seguirá tirando desde su pequeña isla y no conseguiremos avanzar.

Tengo amigos que tildan de demagogia esta idea, pero está claro que la unión hace la fuerza. No dudo que todos intentamos lo mejor desde nuestra posición, pero también considero que tenemos que reflexionar mucho sobre cuáles son los puntos que nos une, más que aquellos que nos separan y poder plantearnos de esta manera un buen sistema educativo aportando todos lo mejor que tenemos. El fondo no puede ser distinto en función del perfil del educador en cuestión o de si pertenece al cuerpo de funcionarios o por el contrario son profesores que desarrollan su labor en colegios concertados o privados puesto que las necesidades de nuestra sociedad es exactamente igual para cualquiera de nuestros alumnos y nuestra labor es exactamente la misma.

Una reflexión sobre lo que nos une, buscar caminos comunes de actuación, perspectivas parecidas del horizonte donde llegarán esos niños y un proyecto común donde todos, como uno solo, trabajemos para que nuestros alumnos sean lo más competentes, reflexivos, críticos y participativos posible. Algo que nuestra sociedad demanda más que nunca.

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