EL CANDIDATO A PALOS

Francisco de la Torre, Juanma Moreno y Elías Bendodo. /SUR
Francisco de la Torre, Juanma Moreno y Elías Bendodo. / SUR

Da la sensación de que ni De la Torre ni Bendodo quieren asumir el riesgo de encabezar la lista del PP para la Alcaldía

Javier Recio
JAVIER RECIOMálaga

Al final va a resultar que ninguno del PP quiere ser el candidato a la Alcaldía de la muy noble y parece que ahora poco hospitalaria ciudad de Málaga, al menos para ser cabeza de cartel. El actual alcalde dice que a su edad lo normal es que no lo sea, pero que estará a lo que le diga el partido, porque asegura que él siempre ha sido un hombre muy disciplinado. De eso no cabe duda. Hay multitud de ejemplos. Que se lo pregunten sin ir más lejos al anterior presidente provincial, Joaquín Ramírez. Eso, de entrada sólo tiene una interpretación: no quiere ser el candidato y quiere hacerse rogar. Cualquier político que se precie no duda en decir que sí, que le gustaría ser el número uno de la lista y que si el partido lo ve bien, perfecto. Pero ahora en el caso de Francisco de la Torre es al revés. Que primero se lo pida el partido y ya verá lo que hace, una vez que haya medido sus fuerzas. Suponemos que serán las físicas y no las psicológicas que tendría que emplear en teoría para convencer a su mujer, que no quiere bajo ningún concepto que su marido vuelva a repetir como alcalde en vez de ejercer ya como un ejemplar abuelo de familia. Pero es que el actual presidente del partido tampoco se atreve a dar el paso adelante. Más bien lo ha dado hacia atrás. «Yo no tengo ninguna aspiración, ni mucho menos», dijo, o más bien se le escapó el jueves a Elías Bendodo, que ese día se ve que no se conjuró para no dar un titular a la prensa, objetivo que sí cumplió una semana antes. Y en medio de todo aparece Juanma Moreno, que un día parece ungir a De la Torre y al siguiente no sabe a quién señalar, porque dice que tiene un banquillo repleto. Pues a ver si elige al capitán de una vez. Mientras tanto la ciudad sigue sin presupuestos, sin avances en temas importantes. Los que tienen que empujar de la misma andan más preocupados ya en sus fuerzas electorales que en las propias de la capital, que mantiene una inercia positiva. El problema es que este movimiento físico se acaba parando si no hay empuje. Quizá esta ceremonia de la confusión en la que andan liado los populares se debe a que no lo deben de tener muy claro. Quizá haya encuestas en las que el PP sale trasquilado y por eso no se sabe muy bien qué hacer. Y lo peor es que se estén dando cosas por sentado. Por ejemplo, se da como hecho cierto que De la Torre prácticamente aseguraría que Málaga siga siendo una ciudad gobernada por los peperos. Más de uno debería echar un vistazo a los concejales que tiene ahora el PP: 13. Sí, sí, porque el alcalde pasó de 19 ediles a 13. Sólo los tres representantes de Ciudadanos les ha permitido gobernar con una mayoría absoluta raspada. Por eso quizá el primer edil, que de tonto no tiene un pelo, se lo está pensando más de la cuenta, más allá de que tendría los 76 años cumplidos cuando se celebren las elecciones. Una derrota o una victoria insuficiente sería muy dolorosa para su carrera política. Se iría por la puerta de atrás de la Casona del Parque. Por eso se resiste, porque también es consciente de que la marca PP sigue estando tocada, sobre todo por Ciudadanos, que en las encuestas nacionales recoge todos los beneficios de la actuación del Estado en Cataluña. A Bendodo, que tampoco tiene un pelo de tonto y no está dónde está por casualidad, le están empezando a temblar las piernas, porque sabe que si se presenta y no logra sumar lo suficiente para gobernar su hasta ahora exitosa y fulgurante carrera podría atascarse. Su gran baza electoral era que la gente lo conociera ya gobernando la ciudad para mostrar de lo que es capaz. Pero el regidor no le ha dado la venia. A esto hay que unir las posibles jugaditas que se puedan hacer mutuamente que recuerdan en cierta medida a aquel médico a palos de Molière. En la obra del francés al final hay un final feliz, con perdones incluido. Pero los palos, básicamente, sólo se los llevo uno...

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