Camino de Antequera

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

EN 1782, Carlos III, agobiado por las presiones de la clase empresarial malagueña de la época, que protestaba por los elevados impuestos y aranceles portuarios, que fundamentalmente se dirigían a las obras de la construcción de la Catedral, y como buen monarca de la época ilustrada, donde lo espiritual quedaba en un segundo plano, decidió suspender la financiación de nuestro primer templo «hasta mejor ocasión». No sabía aquel rey que en Málaga eso de «mejor ocasión» lo entendemos de forma muy sui géneris, hasta el punto de que hasta ahora no la hemos encontrado. El dinero, a petición de los demandantes (los que pagaban) se destinó a conseguir que llegara agua corriente a la ciudad (Acueducto de San Telmo) y nuevos accesos desde la capital al interior de la península, el conocido desde entonces durante siglos como 'Camino de Antequera', que siempre estuvo muy alejado «de la capital», porque algunos de sus antiguos moradores, aún hoy siguen diciendo «voy a Málaga» en vez de voy al centro... El Camino de Antequera fue poblándose en torno a la carretera primero y posteriormente ensanchó sus límites hasta el Arroyo del Cuarto y Teatinos, y en los primeros años del pasado siglo, fundamentalmente en los años 40 y 50, se puso de moda entre la clase acomodada por aquello de que al estar alejado del mar venía bien a los habituales problemas asmáticos de aquellos años felizmente pasados. Esta clase media-alta, cuajada de apellidos ilustres, compitió en la construcción de casas, haciendas y chalés del tipo habitual en la época, de los que, desgraciadamente, quedan muy pocos en pie pasto de horrorosos bloques de viviendas. Junto a ellas, soportales (casas de una sola habitación donde convivían hasta siete u ocho miembros de una misma familia), chabolas y balbuceantes comercios (fundamentalmente recoveros, personas que se dedicaban a la compra de huevos y productos alimentarios básicos para después revenderlos). Sea como fuera, el Camino de Antequera tuvo cuerpo y alma, ilustres apellidos de la vida política, social, cultural, religiosa y social de Málaga vivieron allí. Conforme avanzaban las obras de readaptación de una carretera de doble sentido y aceras de tierra se cambió la denominación bajo el enorme influjo de su gran 'morador', el Hospital Carlos Haya, y se impuso su mismo nombre. Los que crean que fue en honor de un aviador de la Guerra Civil se equivocan: fue en honor del hospital, santo y seña de la sanidad pública malacitana. Se da la curiosa circunstancia de que el Hospital hoy ya no se llama Carlos Haya, y el Camino de Antequera tampoco se denomina así, porque el influjo del centro hospitalario hizo que pasara a ser 'Avenida de Carlos Haya', para felicidad de los nuevos moradores, por ser mucho más rimbombante el nombre, y disgusto de los vecinos de toda la vida. Ahora que Carlos Haya ya no da el nombre a la avenida, surge el enigma de saber su nueva denominación. Hay opiniones como los gustos, o sea para todos, según el color. Hombre, muchos, los que nos criamos en la zona, los que formamos parte del espíritu del Camino de Antequera, abogamos por la restitución, como pide Ciudadanos, porque el nombre de 'Camino de Antequera' forma parte de la vida y de la historia de Málaga. Es bueno mantener el alma de la ciudad, y en el Camino de Antequera siempre hubo alma. Y mucha. y Málaga la necesita.

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