CAMBIO DE MODELOS

JOSÉ MANUEL BERMUDO

HACE ya unos años, cuando llegaban estos primeros días de julio, comenzaban a aparecer en Marbella reporteros de toda España, y también algunos del extranjero, dispuestos a recoger con sus cámaras todo aquello que se movía, especialmente si se trataba de algún personaje conocido. Abundaban los llamados paparazzis, algunos de ellos enviados directamente por alguna revista del colorín y otros actuando como free lancers que vendían su trabajo al mejor postor, lo que solía dar muy buenos beneficios si se trataba de una exclusiva. Pero también los periódicos y revistas de información general enviaban a su gente, incluso algunas emisoras de radio, porque nadie quería quedarse atrás en dar a conocer ese mundo veraniego en el que abundaban los famosos y las fiestas estrafalarias. Además, en el resto del país las noticias escaseaban en verano de forma notable.

Ni que decir tiene que para los reporteros locales el trabajo se multiplicaba, porque, además, sus empresas abrían suplementos especiales dedicadas a los dos meses de temporada alta, abundando sobre todo la información gráfica. Todo ello generaba una competencia feroz para ver quien le ganaba la partida a los demás. Y en la prensa del corazón se movía mucho dinero, hasta el punto de que algunos personajes pactaban los reportajes con algún paparazzi y se repartían las ganancias. Después, para disimular, el personaje en cuestión salía quejándose de que le habían hecho las fotos sin su consentimiento. ¡Qué cosas!

Algo de esto suele ocurrir todavía, pero en menor medida, porque ya las revistas no se gastan tanto dinero, teniendo en cuenta que de las cámaras que cada cual lleva en su teléfono salen todo tipo de instantáneas que se plasman en las redes sociales o se envían a las propias revistas, acabando así con las exclusivas. Y, por otra parte, las televisiones y su abundancia de programas frívolos se cargan cualquier iniciativa del mundo del corazón porque, si no tienen famoso al que destripar, ellos mismos se convierten en personajes sacando a relucir sus miserias con tal de mantener la audiencia.

Las cosas han cambiado también porque ya no existe entre los personajes aquel interés (por lo menos en una parte importante) de estar siempre frente a las cámaras y hacer monadas constantemente. Ni las caras son las mismas (excepto algunas duraderas excepciones), ni los tiempos tampoco.

Hoy en día se tiende más a la discreción, a la reserva en los movimientos, a la tranquilidad del mundo íntimo. Siguen insistiendo en lo contrario aquellos frikies que no saben otra cosa que hacer y dan juego a los que nada tienen que recoger.

Hay una tendencia en determinadas élites en buscar lugares comunes sin que otros los compartan. Unos utilizan sus magníficas viviendas y otros participan en la creación de clubes privados, de exclusivo uso para los socios. En Madrid, por ejemplo, abundan desde hace unos años, mientras que en Marbella ya existe alguno que otro, como una especie de extensión de aquellos. Y salen a la luz cuando quieren. Quizás es el contrapeso a las instalaciones low cost y al desmadre de un tipo de turismo dispuesto al descontrol intensivo y a la continua trangresión.

De todas formas hay algún aspecto que no ha variado con el paso del tiempo, aunque muchos no lo hayan percibido: en Marbella y la Costa del Sol, entre los diferentes tipos de turismo que se reciben, siempre ha existido uno que ha querido pasar desapercibido y lo ha conseguido. Es verdad que con mayor poder económico es más fácil, pero también hay que pretender estar al margen del bullicio. Hasta en los años de mayor actividad informativa, la década de los ochenta del pasado siglo, hubo primeros ministros de diversos países, miembros de familias reales, cantantes de rock, premios nobel, actores internacionales o empresarios dueños de un imperio que buscaron el descanso y la intimidad y lo consiguieron. Evidentemente no se pasearon por Puerto Banús (hubo algunos pocos que sí), pero su estancia fue la que pretendieron. En algunos casos nadie se enteró de su presencia hasta después de su marcha y en otros pocos saben su nombre, aunque repitan cada año. Lo que siempre ha ocurrido es que se comenta aquello que se ve, y estos se aprovechaban de esa circunstancia. Y hoy sigue ocurriendo, mientras la gran mayoría vive sus vacaciones muy cerca, pero si saberlo. Y cada uno feliz en lo suyo, esperemos.

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