Cambiando de tema

Humanos y otros insectos

SORA SANS

Cada año comparo la factura de luz de octubre y noviembre, pero no me llevo ninguna sorpresa cuando veo que ha aumentado el consumo. El motivo es sencillo: vivimos una hora más de noche. ¿Por qué? «Para ahorrar luz», o eso dicen. Para ahorrar luz solar, en todo caso, para salir del trabajo de noche con una depresión universal. El supuesto ahorro energético está pensado para los meses de verano, meses en los que los días ya son más largos. ¿Pero por qué no mantener esta hora más en invierno? ¿De quién fue esta maravillosa idea y, sobre todo, por qué continuamos con esta costumbre hoy en día? En 1784, Benjamin Franklin, por entonces embajador estadounidense en Francia, propuso una serie de medidas para reducir el consumo energético: regular el consumo de cera, poner impuestos a quienes habitasen casas con contraventanas que no dejaran pasar la luz o que las iglesias replicasen sus campanas al amanecer a modo de despertador colectivo. Quizás se inspiró en aquel maravilloso texto de John Donne: «Nunca preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti», para que te levantes ya. En cualquier caso, nadie tomó muy en serio a Franklin, pero sí que algún lumbreras dio con la medida definitiva para el ahorro energético: cambiar la hora. El 30 de abril de 1916 se aplicó por primera vez esta medida, con Alemania, sus aliados y las zonas ocupadas a la cabeza. Ha pasado un siglo ya y aunque el horario de verano nos permite disfrutar de largas y soleadas tardes, la vuelta a la realidad del invierno se hace mucho más dura. Cuando los días son de por sí más cortos, perdemos una hora de luz por la tarde y ganamos una hora de consumo eléctrico en nuestros hogares. Está visto que en este país se votan pocas cosas y dudo mucho que algún día veamos una gran manifestación en las calles para pedir que nos replanteemos algunas costumbres tan arraigadas, pero espero que no pase otro siglo antes de que alguien proponga seriamente un plan de ahorro energético que verdaderamente funcione, no solo en verano, sino todo el año.

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