OJÚ QUE CALOR

Le ha caído el peso de la ley a un chiringuito de Estepona con cerca de 25 años de antigüedad. ¡Por fin la justicia actúa con «rapidez»!

ARTURO REQUE

Aún recuerdo cuando empecé a estudiar arquitectura y finalizando el primer curso salíamos a la calle a realizar lo que llamábamos apuntes. Consistía en coger tus lápices y cuaderno de dibujo para echar unas horas por la zona elegida por el profesor de turno, generalmente un lugar emblemático de la ciudad. La urbe en cuestión era Sevilla y la fecha finales de mayo. En una ocasión nos plantamos frente al teatro Lope de Vega y, con más voluntad que ganas, nos dedicamos durante horas a tomar medidas y realizar bocetos del edificio neobarroco. El sofocante calor que está haciendo me trae el recuerdo de ese día de mi etapa estudiantil porque el termómetro que tenía a mi espalda marcaba 42 grados y nosotros, jóvenes aprendices de arquitectos, parecíamos legionarios en jornada de prácticas en el Sahara más que estudiantes del arte edificatorio.

Ha pasado mucho de aquello, pero el calor parece que tiene los mismos genes que aquel, incluso algo más agresivo -pese a lo que opine el rubio del otro lado del charco-. Si bien nuestro amado planeta sufre ciclos climáticos, también es cierto que nos hemos propuesto facilitar y acelerar el cambio que nos toca y al medioambiente lo hemos maltratado durante décadas en pro de los avances / comodidad para la humanidad, la misma que ahora sufre catástrofes meteorológicas cada vez más frecuentes y virulentas, ¡vaya paradoja!

Tanto calor y paradojas me llevan a tomar el fresco en alguno de los fantásticos chiringuitos de nuestra costa, a ver si así me relajo y recupero el aliento. Tomo el SUR y me encuentro con que se ha procedido a la demolición de ¿El Algarrobico?...¡No! Le ha caído el peso de la ley a un chiringuito de Estepona con cerca de 25 años de antigüedad. (¡Por fin la justicia actúa con «rapidez»! ¡Ya le queda menos al mamotreto de Carboneras!...). Y es que estas edificaciones tan características de nuestras costas y que tanto han dado a nuestra gastronomía y al propio turismo, tienen el foco mediático puesto encima. Si bien desconozco el porqué de la demolición del de Estepona, seguro que está dentro de la casuística que recoge la ley y el Ayuntamiento habrá actuado en consecuencia, aunque, porqué ahora y no en los últimos 25 años me deja con la mosca detrás de la oreja. Por cierto, ¿ha estado pagando IBI todos estos años? ¿Tenía luz, agua y otros servicios municipales?... Pero lo que más me sorprende son las prioridades de nuestra Justicia donde tenemos edificaciones terriblemente más dañinas y ofensivas que además son herencia de tiempos turbios, muchísimas de ellas sin terminar y por lo tanto más factibles de proceder a su demolición sin tener que sacar familias a la calle o dejándolas en el paro. Apenas se ha procedido a ninguna en nuestro municipio y sin embargo hay un amplio muestrario donde elegir. Que me lo expliquen porque no lo entiendo, aunque ya sé que en cuestiones de leyes no procede el razonamiento lógico que uno aplicaría con un mínimo de sentido común. El poderoso que puede permitirse un gabinete jurídico experto en alargar los procesos judiciales finalmente encontrará la manera de legalizar su barbaridad mientras que el particular que levantó su vivienda bajo la triquiñuela de la casa de aperos se la demolerán en pocos meses. Cuestión de músculo económico me temo.

Por favor, camarero, sírvame un espeto a ver si se me quita tanto desánimo que llevo hoy encima. (Y así, de paso, aporto mi granito de arena para que se reconozca este manjar como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Queda dicho)

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