Callejero delirante

Alfredo Taján
ALFREDO TAJÁN

Mariano Vergara me envía dos noticias preocupantes que relaciona acertadamente. La primera es que ninguna universidad española se encuentra en los doscientos primeros puestos (¡!) del ranking mundial de Shanghái; la segunda noticia se refiere al ya famoso informe que un historiador local apellidado Abad envió al alcalde de Sabadell, por iniciativa de la concejala de cultura, perteneciente a ERC, recomendándole cambiar los nombres de algunas calles de su ciudad. Los nombres que proponía eran los de Antonio Machado, Lope de Vega, Larra, Quevedo y Francisco de Goya, entre otros. Y todos porque, según el insigne historiador, tenían un perfil franquista, anti-catalanista, españolista. Qué lista la concejala, qué riguroso el historiador, qué delirante el callejero. La relación de las dos noticias, que no debo explicitar a mis suspicaces lectores, es menos directa que escandalosa. Uno piensa en el falseamiento de la Historia como un deporte que le sale gratis a los cretinos, y se queda corto. No hay nada más surrealista, aparte de salir a la vía pública en plena feria y no encontrar un taxi, que llamar fascista a Antonio Machado, sobre todo con su ética personal y su obra literaria. Tampoco estaba yo enterado, vaya despiste, de que Lope, Larra, Quevedo o Goya fueran coetáneos de Franco, ni que ser españolista fuera un delito, ¿acaso lo es ser catalanista? Aunque en este último caso, y gracias a la deriva albano-kosovar del catalanismo, la verdad es que tienen todas las papeletas.

También me entristece pensar que ninguna Universidad Española, incluidas la Pompeu i Fabra, la de Santiago, la Complutense, la Autónoma, la de Granada o, sin ir más lejos, la de Málaga, ninguna, ni pública ni privada, figuran en el ranking de las doscientas mejores universidades del mundo. Se hiela la sangre al recordar cómo se fue gestando la historia del saber universitario en la península, desde los fundacionales siglos XII y XIII, pasando por el florecimiento del humanismo tardo-renacentista de la Escuela de Salamanca bajo la que Francisco Suárez, Francisco de Vitoria, Fray Luis de León, y un largo etcétera, se formaron y formaron a una nación con una riqueza cultural apabullante, en la que se defendía la libertad de opinión, la soberanía nacional como derecho del pueblo y no como derecho divino, el llamado derecho de gentes y la libertad de cátedra, algo que cierto determinismo histórico anglo-protestante se encargó de ir borrando con una gimnástica doctrinal demoledora. Eso, y la postración de la propia España, un país secuestrado, secuestro que se extendió a su Universidad, que, sin embargo, mantuvo, sin ningún género de dudas, una valiosa resistencia durante la bunkerización de los años postreros del franquismo. De esto sabe mucho mi querido amigo el profesor Bernardo Díaz Nosty, devoto, como lo fui yo, de don Enrique Tierno Galván, uno de los represaliados. Menos mal que la Universidad de México y la de Buenos Aires, ocupan puestos entre 101 y 200 en este ranking, y no olviden que las dos hablan español.

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