El (buen) año del Pinsapo

JESÚS NIETO JURADO

Esperan de aquí en adelante doce meses de papel e Historia. Doce meses largos, algunos con un temporal marítimo que se comerá la arena, otros con terral del malo, algunos con mosquitos gigantes como salidos de un sueño o de un cuadro de Salvador Dalí. Nos aguardan doce meses menos algunas horas, y este acontecimiento del tiempo y de sus relojes nos tiene que preocupar ni mucho ni poco, que es lo que vendría a decir Ruano. Es la marca del marisco sobrante en la nevera. Es el día 1 y el tiempo puesto en contador, pues después de San Silvestre el todo -el vivir, los niños, la hipoteca- sí que es una maratón que hay que correr con temple y con resuello, tanto el runner como el hijo de vecino.

Tenemos o no tenemos a quien encomendarnos, que aquí cada uno boquea como puede. Aunque, qué narices, tampoco hay que pedirle demasiadas cuentas al nuevo año, que vendrá con doce jinetes sin piedad. En estos días en que quizá no se hayan puesto aún las calles del Roscón, viene anunciando la AEMET un sol redondo: de ésos que han venido a la Costa para darnos motivo de día, de paseo a la orilla y hasta de Instagram.

Ayer sí que fue día de balance, de los pecados veniales y de los otros. Quizá el peor pecado sea la conformidad, pero a estas alturas aún de las fiestas no podemos sacudirnos el espíritu navideño por el mero accidente temporal del cambio al 2018. Por alguna casa se ve el taco del Calendario Zaragozano, con sus consejos y pronósticos. Y yo, que algo tengo que leer hoy lunes en que el periodismo consuetudinario da libranza a los quiosqueros. Vuelve el sol a brillar, si es que alguna nube quiso poner en el horizonte una sombra de Dickens ahora, estos días en que las naranjas y la pólvora huelen más fuerte en esas calles de la ciudad, a la solana y a resguardo del viento. Hasta me crucé con jazmines reventones.

En la mañana de año nuevo, como prometí, publico y me publico en esta columna que viene hoy sedienta de papel y con el alma acostumbrada. Que aquí venimos poniéndole amor al teclado cuando la semana tiende a lunes. El corazón se nos queda encogido cuando imaginamos a ese inmigrante ahorcado en el CIE de Archidona. Después el ciudadano se indigna por cosas de menos gravedad, pero la indignación muchas veces escuece por acumulación. Hay toallitas y detritus de celulosa que no se degradan y taponan el colector de Málaga Este, y hasta hay una ínsula cercana conformada por las miasmas de la otra ciudad.

Como diría el clásico, ya habrá más días, casi 50, para pensar la ciudad y pensarnos en ella. El 2018 se presenta histórico, puede que más que nunca. La provincia y sus montes y pinsapos parecen preparadas para asumirlo, el 2018, con cierta esperanza. Sumemos las voces: pidamos lo imposible a la burocracia castradora que frena que por estas latitudes seamos Finlandia con arte. Aguarda un buen año. Aún no ha nacido quien nos lo venga a estropear tan temprano.

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