La rotonda

Buen año para Málaga

Pedro Luis Gómez
PEDRO LUIS GÓMEZ

Como aquel que dice, 2017 ya es historia. Ha sido un año extraño, aunque en el fondo es como ocurre con casi todos los años que se van para no volver nunca jamás, pero del que Málaga ni puede ni debe tener malos recuerdos. Este año ha servido para mucho, porque Málaga se ha situado en una posición envidiable y envidiada por todos en lo que se refiere a una hipotética clasificación turístico-cultural que era impensable hace apenas 20 años. El 'fenómeno Málaga' es innegable, y ni siquiera admite muchas discusiones, incluso reconocido por sus más feroces críticos, que podrán sacarle punta a lo que quieran, pero no precisamente a lo dicho. El 'Málaga está de moda' es algo que se ve, que se nota, y de lo que incluso se hacen eco no sólo periódicos nacionales, sino incluso internacionales, y algunos de ellos de fuste como 'The New York Times', que no ha escatimado elogios a la ciudad.

De la mano de Picasso, una figura que estaba ahí pero que hasta que no llegó su Museo («el más íntimo, ese es el que quiero para mi tierra; el más mío, el que represente más lo que yo quiero», le dijo a su nuera Christine el gran Pablo al hacerle público su deseo) no hizo igual 'su' espíritu, el mismo que 'bendice' a Málaga, según palabras de quien conoce a la perfección la vida y la obra del genio, Marilyn McCully. Sea con la 'Pablo de la guarda' y su espíritu ya instalado en estos lares, o por la conocida tenacidad del alcalde Francisco de la Torre, lo cierto es que la 'museitis' (término peyorativo que se ha vuelto en contra de 'culturetas' y oposición, que lo mal utilizaron a partes iguales) propició, junto a las obras de recuperación y peatonalización del centro, que Málaga se posicionara como una de las grandes referencias para el turismo de ciudad, con datos verdaderamente sorprendentes, haciéndolo además 'por la puerta grande'. La 'Málaga de moda' ha tenido su eclosión máxima sin duda en este 2017, y eso es así, guste o no, que de todo hay en la viña del Señor.

Ahora queda lo que muchos consideran incluso más difícil que llegar: mantenerse. Pero no sólo hacerlo, sino también modificar malos hábitos y evitar los lógicos desajustes que llegan siempre de la mano de cualquier 'boom'. Y lo que ha pasado este 2017 es que Málaga ha sido un eso, 'un bombazo'. Ahora hay que buscar nuevos objetivos, nuevas metas, pero para eso está este nuevo año, el que comienza, un 2018 que tiene que ser recibido con la ilusión de quien mira al futuro con optimismo y sin miedo, como le ocurre a Málaga. En breves horas, un 2017 para el recuerdo por el 'paso delante' de Málaga será pasado. Ya no valdrá vivir de lo conseguido, porque las rentas si no se cuidan y se miman se pierden, sino que habrá que buscar nuevos campos de actuación. En ello hay que estar. La autocomplacencia no vale.

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