En bucle

Antonio Ortín
ANTONIO ORTÍNMálaga

Los cronistas políticos llevan varios días titulando que 'los partidos se enfundan el traje electoral'. Pues ya sabemos a qué atenernos. Estamos inmersos en aquello que el sociólogo José Félix Tezanos definió como 'bucle electoral recurrente', si es que alguna vez llegamos a salir de ese círculo vicioso, muy provechoso para mantener engrasada la maquinaria de la partitocracia, pero absolutamente perverso para el ciudadano, pues la gestión se atrofia y todo queda a expensas de los acontecimientos tras las urnas. 2019 es la fecha más próxima. Queda mucho, sí. Pero también sabemos de sobra que los 'aparatos' de los partidos funcionan con tal lentitud que necesitan al menos un año para decidir candidatos, perfilar el glosario de ocurrencias que denominan 'modelo ideológico' y presupuestar banderolas, pasquines, eslóganes y #hashtags.

Mientras tanto, aquí seguimos, en el mismo punto donde nos dejó otro pensador lúcido, Josep Ramoneda, cuando en 1999 escribió aquel brillante ensayo 'Después de la pasión política', una certera fotografía del hartazgo al que nos ha llevado tanta 'realpolitik', y al que han terminado de apuntalar la corrupción endogámica del sistema, la impunidad moral de la 'casta' y esta permanente sensación de que lo que en verdad estamos haciendo es sostener el chiringuito de unos pocos con carné.

Por eso, estos días de zozobra catalanista, con Puigdemont en Bruselas haciendo el imbécil y Mariano mirando al musgo, uno acaba perplejo ante esta galería anticipada de 'precampaña': Pedro Sánchez y Susana Díaz escenifican una concordia que ni los suyos se creen; Génova se «avergüenza» cuando Ricardo Costa (sí, el otrora todopoderoso 'Richie', al que dentro de unos días oíremos llamar 'ese señor del que usted me habla') certifica que el PP de Valencia era un humedal cuyas aguas cenagosas movían Camps y Cotino. O cuando aquí en Málaga uno ve esa foto de Fitur con De la Torre y Bendodo fundidos en un caluroso abrazo que en realidad esconde la encarnizada pelea por ver quién coge la patata caliente de aspirar a una Alcaldía por la que nadie arrienda hoy la ganancia.

Y, claro, mientras todo esto pasa, la vida normal, la que pisamos los que no tenemos carné ni afiliación, sigue su curso. Y a las urgencias de los hospitales les falta personal para que la gente no se muera de un ictus mientras espera sola en una sala de azulejos ajados y desprendidos. Y al futuro le salen telarañas en el desván donde descansan el Astoria, el auditorio, el Cercanías a Marbella o la decisión de poner fin a ese abuso legal llamado plusvalías.

Es lo que tienen los bucles. Que de tanto mirar círculo adentro se deja de ver lo que sucede alrededor.

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