La brigada delirante

Por ahora

JOAQUÍN L. RAMÍREZ

Septiembre es un mes raro, en parte es verano y en otra es otoño. Sólo unos pocos toman esta treintena para disfrutar sus vacaciones y, sin embargo, son días templados e ideales para las actividades de playa o montaña. Además, es tiempo de exámenes para unos y de inicio de curso lectivo para otros, también se dice que la política arranca en septiembre, pero no parece ser cierto, porque los políticos no paran. Este año aún ha sido más intenso, la rabiosa fogata catalana que alimentan los más ardorosos protagonistas de la sedición al frente de una minoría, no ha disminuido su llama ni por un solo instante. Ni tan siquiera con motivo de la manifestación en homenaje y respeto a las víctimas del terror y en repulsa de su dramático atentado, ni por esa causa la apuesta coalición sediciosa cejó en su empeño por mostrar un supuesto músculo político, institucional y hasta policial, presumidamente autosuficiente. Más allá de la escasa talla humano-social de los vergonzantes estrategas de la «protesta espontánea», qué mal gusto y qué tamaña insensibilidad exhibieron impudorosamente: «Fora fora», «refugiados sí, españoles no», «els nostres morts, vostres polítiques», y algunas otras. Es decir, que empezar en septiembre es un eufemismo, pues en septiembre la cosa sigue.

Eso sí, lo que parece asegurado es que va a subir el tono. La crónica anunciada de un golpe de estado no favorece en nada a la inanidad, más bien impulsa el movimiento de respuestas verbales, materiales y activas. El 1-O habrá el más puro acto de omisión, vacío activo o quite, o no habrá nada. Nadie debería esperar otra cosa, pues los organizadores de esta revuelta ilegal han tenido la feliz ocurrencia de obligar al Estado, y en su nombre al Gobierno, a poner los medios constitucionales a su alcance para impedir la flagrante e intolerable comisión del propuesto concurso de delitos. Cometer delitos son graves acciones contra la sociedad y la ley, pero avisar de la intención de hacerlo es motivar la acción de impedimento por parte del obligado legalmente a ello. En definitiva, la imprudencia, la torpeza y la osadía de los confesos pregoneros de la planeada y antijurídica golpiza ponen a las instituciones estatales ante su insoslayable deber. Nunca nadie -ni colectiva ni individuamente- hizo tanto acopio de llamadas y pruebas para ser neutralizado en plazo y a todo confort. Y todo en septiembre, no hay mes mejor.

Y ya se ha dicho, después del uno de octubre viene el dos y los que hoy se ofrecen a expresar su decidido compromiso en la evitación del asestamiento del golpe, que aún no indican qué pasos darán al día siguiente, sí afirman los que no y de ninguna manera para colaborar en la primera señalada fecha. Puede que, por todo ello y en aras al pragmatismo del que siempre el catalán hizo gala, ERC no oculte que se reúne con Podemos y algún pretendido mecenas para intentar proveer una moción de censura allá de donde nunca se ha de ir, el patio político de España. Dicen que Puigdemont y el núcleo gordiano del PdeCat aún se revuelve de político dolor y desconcierto en medio del fragor de esta equívoca batalla.

En tanto y como el espectáculo debe continuar, resulta un tanto extraño asistir a algo tan original. Ahora nos muestran el texto de la llamada 'ley de transitoriedad', de la ley a la ley sin pasar por la democracia, el planing de la república catalana condicionada y sin remisión a voto alguno. No hay que dejar nada al azar ni a la voluntad de otros protagonistas, ni siquiera a los electores; seguramente es por su bien. Por cierto, el president Puigdemont se inclina ahora -y así lo anuncia- por la creación de un ejército catalán, una delirante 'brigada republicana' o 'els nois militars'. Todo empieza a ser como una carta a los reyes magos permanente por parte de quien ya sabe que los reyes son los padres y que hay sueños inalcanzables que, por inconvenientes, indebidos y perniciosos, no se deben pedir. Y porque lo peor de algunas fantasías, insuficientemente pensadas e ilegítimamente planteadas, es que pudieran convertirse en realidad. Y sigue septiembre.

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