Me borro de la crispación

Vienen curvas

Ana Barreales
ANA BARREALES

Hay que tener mucha calma en estos tiempos para no salirse de algunos grupos de whatsapp o mandar a varios contactos un mensaje tal que así: «ya conozco vuestra opinión sobre Cataluña, dejadme al margen de envíos masivos, no tengo memoria en el móvil para absorber tanto meme ni ganas de verlos» . En algún momento bastante reciente la situación de Cataluña pasó de dividir a los catalanes a dividir al resto de españoles que hasta entonces pensaban bastante parecido y no tenían dudas de que Cataluña es España. Sorprendentemente, gente de 'este lado', con la misma idea de país, ha empezado a discutir exaltadamente sobre esto. Y lo contrario y más preocupante aún: los que prefieren no opinar para evitar broncas, como si sólo se pudiera hablar con los que piensan exactamente igual que nosotros.

Seguro que si hubiera pasado hace 10 o 15 años las cosas hubiesen discurrido de otra forma. Ni las redes sociales ni los whatsapp favorecen el debate sosegado y tranquilo. No hay tonos, ni silencios, ni gestos, ni se puede mirar a los ojos. Lo más que aparece es un doble check y el riesgo de que te 'dejen en visto' (leído y sin respuesta), que diría un adolescente. Sólo memes, vídeos supuestamente graciosos, de denuncia, o directamente manipulados y manipuladores que únicamente sirven para que cada parte se reafirme más en su postura inicial.

Los responsables, quizás habría que decir irresponsables, de lo que pasa son los independentistas, que han decidido que la legalidad no va con ellos y que sólo respetan las leyes que les gustan. Un caos. Y la gestión del Gobierno de Rajoy lo ha empeorado. Si sólo fueran los dirigentes independentistas la solución sería relativamente sencilla, el problema son los 2 millones de personas o centenares de miles, que prefieren estar con ellos antes que con el resto de españoles, a los que no se puede hacer cambiar de forma de pensar con 'mano dura'. Pero tampoco los grupos de la oposición contribuyen, porque siguen planteando la salida a la situación catalana como lo plantean todo: desde una óptica partidista: cada uno por su lado y hasta con discrepancias internas. Y así no queda mucho margen para la esperanza.

'Salir de esta', como lo definió el Rey en su discurso, es muy difícil, pero por la fuerza parece casi imposible. Se puede meter a dirigentes en la cárcel, pero no convencer así a un grupo, espero que bastante amplio, de catalanes moderados aún recuperables. Ahí están los partidarios de la independencia pero no por esta vía, los que no son nacionalistas pero creen que hacer una consulta legal es la única salida a estas alturas y catalanes que estaban muy lejos de las tesis de Puigdemont, pero a los que la gestión del Gobierno les está empujando al otro lado.

Lo triste es que no veo ningún mensaje en el horizonte que pueda hacer volver a nadie de este grupo.

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